

Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- Entre pendientes laborales, tráfico, estrés y jornadas extensas, cenar tarde se ha convertido en una rutina para miles de personas. Sin embargo, especialistas en nutrición y metabolismo advierten que este hábito cotidiano podría tener consecuencias importantes para la salud digestiva, el sueño y el control del peso corporal.
De acuerdo con expertos en salud, el organismo funciona mediante un reloj biológico llamado ritmo circadiano, encargado de regular funciones esenciales como el descanso, la producción hormonal y el metabolismo. Durante la noche, el cuerpo disminuye naturalmente su gasto energético y se prepara para dormir, por lo que procesar alimentos pesados o abundantes puede resultar más complicado.
Cuando una persona cena muy cerca de la hora de acostarse, el sistema digestivo continúa trabajando mientras el cuerpo intenta entrar en reposo. Esto puede provocar digestión lenta, inflamación abdominal, sensación de pesadez e incluso reflujo gastroesofágico, sobre todo si la persona se acuesta inmediatamente después de comer.
Especialistas también señalan que las cenas nocturnas frecuentes podrían alterar la regulación de la glucosa. Durante la noche, el organismo suele ser menos eficiente para procesar azúcares, situación que favorece picos de glucosa y cambios en la sensibilidad a la insulina.
El problema puede agravarse cuando este hábito se combina con sedentarismo, falta de sueño y una alimentación rica en grasas o azúcares. A largo plazo, estas condiciones pueden influir en el desarrollo de alteraciones metabólicas y aumento de grasa abdominal.
Además del impacto digestivo, cenar tarde también afecta la calidad del descanso. Comer en exceso antes de dormir activa procesos digestivos y hormonales que dificultan alcanzar un sueño profundo y reparador.
Por ello, nutricionistas recomiendan cenar al menos dos o tres horas antes de dormir, optar por alimentos ligeros y evitar exceso de grasas, azúcares o bebidas estimulantes durante la noche.
RPO