Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- Mientras el calendario avanza y las redes sociales se inundan de brindis, luces y promesas de felicidad, una realidad silenciosa acompaña a miles de personas: la depresión estacional. Un trastorno frecuente, subdiagnosticado y, muchas veces, incomprendido, que se intensifica justo cuando socialmente se exige estar bien.
Estos cuadros depresivos aparecen o se agravan en determinadas épocas del año, particularmente en invierno, cuando confluyen factores biológicos, sociales y emocionales que impactan directamente en la salud mental.
La reducción de horas de luz solar, el frío, la presión social asociada a las fiestas decembrinas y la cercanía de la llamada “cuesta de enero” crean un entorno propicio para el deterioro del estado de ánimo, especialmente en personas con antecedentes de depresión.
Desde la neurobiología, se ha documentado que la disminución de la luz solar afecta procesos cerebrales vinculados con la regulación del estado de ánimo, el placer y la motivación. Estos cambios influyen en neurotransmisores clave para el bienestar emocional, lo que explica por qué, durante esta temporada, incluso las experiencias positivas pueden sentirse vacías o insuficientes.
A este panorama se suman factores sociales como la comparación constante con otros, la soledad, las pérdidas personales y la incertidumbre económica, elementos que pueden detonar o reactivar síntomas depresivos.
Tristeza persistente, relacionada con la frustración, la comparación social o la conciencia de pérdidas afectivas, materiales o personales.
Anhedonia, es decir, la dificultad o incapacidad para disfrutar actividades que antes generaban placer, desde la convivencia hasta pequeños gustos cotidianos.
Desesperanza, una visión negativa del futuro y la sensación de que “nada va a mejorar”, reforzada por la inseguridad, la presión económica y la llegada de un nuevo año cargado de incertidumbre.
RPO