Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- Incansable activista, defensora de derechos humanos, estandarte de la lucha estudiantil en los años 70. Bertha Lilia Gutiérrez Campos, “La Tita”, es el testimonio vivo de la lucha universitaria en Jalisco y ejemplo de resistencia a nivel nacional.
Este viernes, la mujer contó su historia ante jóvenes michoacanos como parte de la jornada de ponencias de la Escuela Popular de Formación Política “Cuarta República”: Formando Juventudes Comprometidas con Michoacán".
La Tita advierte a las y los jóvenes presentes que la política llega a las juventudes como un acto cultural, más que un adoctrinamiento propedéutico; como una forma de cuestionar y buscar cambiar la sociedad dentro de un contexto de cómo funciona la clase trabajadora.
En los 70´s, en Guadalajara, Jalisco, Bertha Lilia Gutiérrez era novia de Arnulfo Prado, "El Compa", líder del Frente Estudiantil Revolucionario (FER) movimiento que luchaba contra la represión y corrupción en las universidades, y que como objetivo principal tenía la democratización de la Universidad de Guadalajara. El movimiento se radicalizó cuando un día, El Compa fue asesinado, novio de La Tita, y se volvió más violento como respuesta a la intentona de la policía de arrestar a los asistentes del funeral de Arnulfo.
“Los asuntos de represión e injusticia no los leí en la prensa, los viví. Me tocó identificar su cadáver, avisar a su familia, hacer barricada en su casa, con el temor de una agresión. La policía intentó llevarnos a los asistentes. Arnulfo fue el punto de quiebre donde nos radicalizamos. No éramos una mafia, era un grupo político”.
La Liga Comunista 23 de Septiembre, grupo surgido del FER y con base en el barrio de San Andrés —donde Bertha vivía—, pasó de los mítines a la clandestinidad, mientras en toda América Latina los movimientos juveniles universitarios se replicaban.
La Tita cuenta que, ante las decenas de detenciones de los líderes hombres del FER, fueron las mujeres quienes se convirtieron en la cara visible del movimiento: madres acompañaban a sus hijos en la prisión, jóvenes pegaban propaganda, subían a camiones para dar su mensaje, hermanas buscaban a los desaparecidos. Su activismo la llevó a prisión, donde estuvo retenida cuatro años y medio.
Durante su estancia en la cárcel ocurrió la llamada “fuga de Oblatos”, en pleno gobierno de Luis Echeverría, en enero de 1976. Seis jóvenes de la Liga Comunista 23 de Septiembre escaparon de la prisión de máxima seguridad y se reintegraron a sus tareas como guerrilleros.
Bertha Lilia narra cómo se encargó de círculos de estudio en los que difundía el mensaje de revolución universitaria. Todo el tiempo iba armada.
“Me pusieron todos los delitos que pudieron, el paquete Comunista 23 de Septiembre, todos los delitos, pero finalmente me quedó asociación delictuosa y portación de arma. Eso yo lo había aceptado en mi declaración, ni modo. En ese momento todos éramos delincuentes, no guerrilleros. No era una situación política; para ellos —el gobierno— éramos delincuentes”.
Desde hace 20 años, en el jardín de San Andrés se recuerda al movimiento con un mural y un antimonumento.
La Tita sabe que, también en esta época —fuera ya del periodo de la Guerra Sucia en México—, el estudiantado sigue teniendo un gran poder, pues “la comunidad siempre se va a nutrir de las mejores personas”.
La mujer, activista incansable y testimonio de resistencia, atiende a las y los jóvenes con sus dudas durante la ponencia, y cierra ésta con la siguiente frase:
“Hubiéramos querido nosotros ser una vanguardia, pero la base social se encarga de demostrar hasta dónde el mensaje del estudiantado se identifica. Eso no es tan complicado cuando se pertenece a la misma base social. Como estudiantes, conocer la realidad, tratar de transformarla, buscar cada quien en su profesión... Desde ahí tenemos muchas cosas qué preguntarnos ahorita, y para eso también luchábamos”.
mrh