

Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- México decidió intervenir antes del primer llanto. Al fortificar harinas de maíz y trigo con ácido fólico, el país colocó una política pública silenciosa pero decisiva en el centro de la vida cotidiana: la alimentación. La medida busca frenar los defectos del tubo neural, anomalías congénitas que siguen cobrando miles de vidas infantiles cada año y que, en muchos casos, son prevenibles.
El Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) informó que esta estrategia responde a una urgencia nacional. En 2020, los defectos del nacimiento representaban la segunda causa de muerte en niñas y niños menores de un año; solo en 2018 se registraron más de 9 mil defunciones, de las cuales 66% correspondieron a ese grupo de edad.
Para regular la situación, México optó por la fortificación de alimentos y el uso del ácido fólico como suplemento. Los folatos —presentes de forma natural en leguminosas, cereales integrales, calabaza, tomate, lácteos, huevo, carne y pescado— son esenciales para la producción diaria de nuevas células y resultan cruciales durante el embarazo para el desarrollo neurológico del bebé.
La fortificación comenzó de manera voluntaria en 2001 y se volvió obligatoria en 2008. Sin embargo, un vacío persistía: las tablas nutricionales no reflejaban con precisión el contenido de ácido fólico en alimentos no industrializados, como el pan casero o productos elaborados con harina de maíz fortificada —tortillas y tamales—, pilares de la dieta mexicana.
Para atender esta carencia, investigadores del INSP, en colaboración con instituciones de Estados Unidos, analizaron el contenido de ácido fólico en pan casero y tortillas consumidas en México. Los resultados revelaron contrastes significativos:
100 g de pan blanco: 112 mcg de ácido fólico
Pan dulce: 82.6 mcg
Tortillas con harina fortificada: 131 mcg por cada 100 g
Tortillas genéricas: apenas 5 mcg de folato
Evitar alcohol y tabaco.
Controlar la diabetes preconcepcional y gestacional.
Evitar la exposición a metales pesados y plaguicidas.
Usar medicamentos y exponerse a radiaciones solo cuando esté médicamente justificado.
Completar el esquema de vacunación, en especial contra la rubéola.
Acudir a controles obstétricos y realizar estudios de detección oportuna.
RPO