

Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- El hígado es uno de los órganos más resistentes del cuerpo humano, capaz de seguir funcionando aun cuando presenta daños importantes. Sin embargo, esa misma capacidad también puede convertirse en un riesgo, ya que muchas enfermedades hepáticas avanzan silenciosamente y sin síntomas evidentes durante años.
Padecimientos como el hígado graso, la hepatitis o la cirrosis suelen detectarse cuando el daño ya afecta funciones esenciales del organismo, como filtrar la sangre, eliminar toxinas y procesar nutrientes.
Uno de los signos más evidentes de que algo no anda bien es la ictericia, una coloración amarillenta en la piel y en la parte blanca de los ojos. Este síntoma aparece cuando el hígado no logra procesar adecuadamente la bilirrubina, un pigmento generado por la descomposición natural de los glóbulos rojos.
La picazón intensa en la piel también puede ser una advertencia. Cuando no existe una causa aparente, como resequedad o alergias, el problema podría estar relacionado con la acumulación de sales biliares en el organismo, situación asociada a enfermedades hepáticas o de los conductos biliares.
Asimismo, algunas personas experimentan una molestia constante en la parte superior derecha del abdomen, justo debajo de las costillas. Aunque no suele ser un dolor agudo, sí puede sentirse como presión o inflamación derivada del agrandamiento del hígado o de acumulación de grasa.
Los cambios en la orina y las heces también son importantes. Una orina más oscura de lo habitual o heces de color pálido pueden reflejar alteraciones en el flujo de la bilis, sustancia indispensable para la digestión y para el color normal de los desechos corporales.
RPO