

Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- El centro de México presenta una dinámica geológica compleja donde coexisten procesos tectónicos activos, que pueden causar terremotos y fenómenos de subsidencia por sobreexplotación de acuíferos, los cuales ocasionan hundimiento y grietas en el suelo de las ciudades. En esta región, particularmente en la región de Morelia, las estructuras geológicas presentan claves tanto para comprender la evolución del territorio, como para evaluar los peligros que afectan a la población y a las infraestructuras.
Distinguir entre el fallamiento relacionado con deformaciones tectónicas y el relacionado con hundimientos diferenciales es esencial para evaluar correctamente los peligros y gestionar el riesgo, especialmente en la planeación urbana. Aunque ambos procesos pueden causar grietas y daños en las construcciones, ocurren a velocidades distintas, afectan zonas diferentes y tienen orígenes y consecuencias que no son iguales. Por ello, un grupo de investigadores del Instituto de Geofísica Unidad Michoacán (campus Morelia), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), del Instituto de Geociencias de la UNAM y del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Tierra de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), conformado por los investigadores Jélime C. Aray Castellano, Pierre Lacan, Isabel Israde Alcántara, Jesús M. Ávila García, Adrián Jiménez Haro, M. Gabriela Gómez Vasconcelos, Diana Soria Caballero y Denis R. Avellán, se ha dado a la tarea de investigar las posibles causas y los comportamientos de los hundimientos en zonas de Morelia.
Los expertos definen la tectónica de placas como el movimiento natural de grandes bloques de la corteza terrestre, los cuales pueden generar sismos cuando se acomodan o colisionan entre sí. En cambio, la subsidencia es un proceso generado por las actividades humanas. Sucede cuando se extrae más agua del subsuelo de lo que el manto freático puede recuperar, lo que genera vacíos que se compactan. Esto provoca que el terreno, generalmente en zonas formadas por antiguos sedimentos de ríos y lagos, se hunda gradualmente y aparezcan grietas en el suelo y en las construcciones.
Las fallas tectónicas se mueven de manera lenta (del orden de mm/año), por lo que solo producen un movimiento rápido de la superficie del suelo cada cientos o miles de años. En contraste, la subsidencia avanza de forma continua y mucho más rápida (del orden de cm/año) durante las décadas en que se bombea agua del subsuelo. En la capital michoacana, la subsidencia por extracción de agua subterránea es casi constante desde la década de 1980, mientras que la actividad tectónica es baja, a escala histórica.
El grupo de científicos realiza un estudio multidisciplinario que integra métodos geofísicos que permiten tener una imagen del subsuelo sin necesidad de excavar (radar de penetración terrestre-GPR, tomografía de refracción sísmica-TRS, tomografía de resistividad eléctrica- TRE), análisis morfológico y paleosismología, con el objetivo de contribuir al entendimiento de las rupturas presentes en el suelo de la ciudad de Morelia.
Los datos recopilados en Morelia permitieron precisar la geometría de la falla La Colina, una estructura que forma parte del sistema de fallas Morelia-Acambay. Los investigadores determinaron que esta falla se extiende aproximadamente 17 kilómetros y presenta una tasa de movimiento tectónico estimada en 0.07 ± 0.01 mm/año, indicando que ésta sigue activa tectónicamente. Con base en su tamaño y características, las relaciones empíricas resueltas indican que esta falla podría generar sismos moderados (Mw 6.3 y 6.7) de manera individual o en conjunto con estructuras vecinas (por ejemplo, fallas La Paloma, Cerritos, Tarímbaro). Las excavaciones paleosísmicas en San Juanito Itzícuaro, al suroeste de Morelia, permitieron confirmar estas conclusiones, al identificar depósitos que evidencian un evento sísmico ocurrido hace miles de años. Junto con los perfiles geofísicos, las excavaciones validaron la continuidad de la falla y su potencial sismogénico.
El estudio también reveló la coexistencia de dos tipos de deformación en Morelia: el hundimiento diferencial, causado por el agotamiento del acuífero, y el desplazamiento tectónico de las fallas activas. El análisis muestra una mayor velocidad de deformación por subsidencia hacia el suroeste de la ciudad, donde el crecimiento urbano es más acelerado y aumenta la demanda de agua subterránea. Los nuevos fraccionamientos crecen rápidamente, lo que conlleva a un incremento en la explotación de los acuíferos para cubrir la demanda de la sociedad.
Este análisis multidisciplinario demuestra que la integración de diferentes métodos geofísicos y geológicos mejora significativamente la capacidad para identificar y caracterizar fallas activas, incluso en zonas urbanas donde la intervención humana dificulta la lectura del subsuelo. Asimismo, resalta la importancia de continuar con la investigación aplicada para fortalecer las estrategias de prevención, mitigación y resiliencia ante riesgos geológicos en el estado de Michoacán.
Los resultados obtenidos en este estudio representan un paso importante para la comprensión del sistema de fallas Morelia-Acambay y abren nuevas líneas de investigación regional. Además, aportan elementos clave para la toma de decisiones en materia de ordenamiento territorial y protección civil, con el propósito de salvaguardar a la población y preservar la infraestructura existente ante la presencia de estructuras tectónicas activas y procesos de subsidencia.
Conocer lo que ocurre bajo nuestros pies es esencial para comprender mejor el entorno en el que vivimos, apuntan los expertos. No todos los agrietamientos del terreno significan lo mismo: mientras que algunos se deben a procesos de subsidencia otros se relacionan con fallas tectónicas, y algunos más combinan ambos procesos; asimismo, cada uno de ellos implica un tipo distinto de peligro.
El interés que despiertan los fenómenos ampliamente conocidos, como el movimiento de la Falla de San Andrés, puede ayudarnos a reflexionar sobre la importancia de estar informados y preparados ante el peligro sísmico.
Por ello, conocer los riesgos geológicos y entender cómo interactúan con nuestra ciudad es un paso clave para construir un entorno más seguro. La planificación urbana, basada en información científica y en la participación de la comunidad, se convierte así en una herramienta clave para reducir vulnerabilidades y fomentar un desarrollo más ordenado y resiliente.
BCT