La tragicomedia de vivir en Tarímbaro; "a 10 minutos del centro de Morelia"

Vivir en uno de las zonas conurbadas a Morelia se ha vuelto un reto para quienes habitan en algunas partes de Tarímbaro
La tragicomedia de vivir en Tarímbaro; "a 10 minutos del centro de Morelia"
Entre que hay clases y no, es difícil predecir si “el verde” tendrá lugarMARCO S.

Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- Pareciera que vivir en una de las llamadas casas dormitorio es sencillo y práctico como se hace ver en los folletos que te ofertan casas en los fraccionamientos“ a solo 10 minutos del centro de Morelia”, pero con el tiempo en ocasiones esto se convierte en lastres para quienes día, a día viven para el trabajo o las actividades diarias.

Vivir en uno de las zonas conurbadas a Morelia se ha vuelto un reto para quienes habitan en algunas partes de Tarímbaro y que utilizan el transporte público y su lugar de ocupación está en la capital ; y es que se han generado obras como la del viaducto de salida Salamanca que ha generado que los “10 minutos” se conviertan en 45 o hasta una hora.

El lunes pasado utilicé como cada día el camión que viene de las localidades de Tarímbaro con dirección al centro de Morelia, “el verde”, le apodamos en tono burlón entre los amigos.

Entre que hay clases y no, es difícil predecir si “el verde” tendrá lugar para mí o no, además que se complica calcular el tiempo de traslado.

Pero ese lunes era 1 de noviembre así que las clases y su movilidad no sería problema, por lo que salí de mi casa a las 11:00 horas para llegar a 12:00 hasta el Panteón Municipal con su respectivo transbordar.

Llegué a la parada de camión, minutos tarde como siempre.

Luego de minutos, pasó “el verde”, subí con mis audífonos, para abordar de pie mientras el conductor de la unidad vociferó “se pueden recorrer por los pasamanos, por favor”.

Claro, las molestias de usuarios inconformes siempre se hace presentes, y mencionan frases como “haz un segundo piso”, haciendo referencia a los sobrecupos.

Pero ese es un problema cotidiano, la situación fue al momento de llegar a la zona del Pabellón Don Vasco, ahí inicia la lucha de los conductores que entre cientos de autos buscan pasar por las “vías alternas de la zona” para esquivar la obra del viaducto.

Ya con el tiempo encima, y mensajes de mi coordinadora de mi empleo “¿cómo vas?”, generan nervio, que por fuera todos los ocupantes del camión se ven tranquilos, pero más de uno “se va comiendo las uñas” en realidad.

Entre las calles y la lucha constante contra el tráfico, mi “verde” me falló.

Repentinamente se apagó, mientras ligeramente humeaba, aquí el dato curioso es que estábamos fuera de la ruta habitual, es decir no es tan común encontrar de manera rápida quien nos trasladara a los más de 40 ocupantes del camión.

Luego de 10 minutos de espera y avanzar en el trabajo en el celular, vi pasar una combi de otra ruta, no me importaba a dónde fuera solo ocupaba salir de ese lugar.

Luego de un día complicado aprendí “a la mala” que esos “cinco minutos más” fueron los causantes de mi estrés y no propiamente la situación que viví.

Al final del día “el verde” se reivindicó llevándome a mi hogar al ritmo de “Vete ya”, de Valentín Elizalde y luces de neón, pero diariamente ya cuando obscurece se ven caras de personas agotadas, de gente que dio todo en sus trabajos, listos para llegar a descansar.

SJS

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