

San Marcos, Guerrero (MiMorelia.com).- Desde el amanecer del 2 de enero de 2026, la tierra en San Marcos no ha encontrado reposo. El sismo de magnitud 6.5, registrado a las 07:58 horas con epicentro a 15 kilómetros al suroeste del municipio y a una profundidad cercana a los 10 kilómetros, marcó el inicio de una secuencia sísmica que mantiene en vilo a la población y bajo constante observación a la comunidad científica.
De acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional, para el 6 de enero —apenas cuatro días después del evento principal— se habían contabilizado alrededor de 2,800 réplicas. Aunque la cifra resulta alarmante para la población, los especialistas señalan que este comportamiento es esperado tras un sismo de esa magnitud.
“Tiembla a cada rato, nos levantamos y ya estamos temblando”, relatan habitantes que, por miedo a colapsos, han optado por dormir en patios o espacios abiertos.
Contrario a lo que se escucha en la calle, no existe una “Falla de San Marcos” como una estructura geológica independiente. La explicación es mucho más amplia y profunda.
Guerrero se asienta sobre uno de los límites tectónicos más activos de México, donde la placa de Cocos se introduce por debajo de la placa de Norteamérica. Este contacto genera una falla geológica de tipo inversa responsable de cerca del 25 % de los sismos del país, a lo largo del Pacífico mexicano, desde Jalisco hasta Chiapas.
En San Marcos, la energía acumulada durante años se liberó el 2 de enero y continúa disipándose en forma de réplicas, sismos perceptibles y también movimientos más sutiles, invisibles para la población.
San Marcos, ubicado en la Costa Chica, no se encuentra en el corazón de la brecha, pero forma parte del mismo límite de placas, lo que explica la intensa actividad.
Sistemas de alertamiento temprano como SkyAlert no evitan los temblores, pero pueden ofrecer segundos vitales para reaccionar, protegerse y reducir riesgos.
RPO