

Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- Bajo las piedras ancestrales del Templo Mayor, donde alguna vez resonaron tambores y caracoles marinos, arqueólogos han reconstruido lo que pudo ser una de las ceremonias más imponentes del México prehispánico.
Especialistas del Proyecto Templo Mayor revelaron que seis ofrendas fueron colocadas al mismo tiempo durante el gobierno de Motecuhzoma Ilhuicamina, el huei tlatoani que expandió el poder mexica más allá de la Cuenca de México.
Imaginar la escena es inevitable: sacerdotes avanzando entre el humo del copal, esculturas monumentales movidas con cuerdas y rodillos de madera, y decenas de figurillas verdes depositadas como tributo sagrado. En total, los seis tepetlacalli resguardaban 83 figurillas de estilo Mezcala, traídas como botín de guerra desde lo que hoy es el estado de Guerrero.
Las nuevas ofrendas —numeradas 186, 187 y 189— coincidieron en contenido y temporalidad con otras tres descubiertas décadas atrás, lo que permitió a los investigadores “cerrar el círculo” alrededor del basamento piramidal. Es la primera vez que se logra identificar un conjunto ritual completo distribuido en los cuatro puntos cardinales del recinto sagrado.
Además de las esculturas, los cofres guardaban más de cuatro mil caracoles y conchas marinas, muchos procedentes del Atlántico. Algunos conservaban aún el periostraco, una delicada capa orgánica que sugiere que fueron transportados vivos hasta la antigua Tenochtitlan.
El hallazgo no solo revela la magnitud de la logística mexica —capaz de movilizar piezas de hasta una tonelada—, sino también la profunda religiosidad que marcó una época de expansión política y militar.
Tras los trabajos de conservación, las piezas serán resguardadas en el museo del sitio y podrían reunirse, por primera vez, en una exposición que permita al público asomarse a aquella ceremonia colosal que, durante siglos, permaneció oculta bajo la tierra.
BCT