El otro México, Cárdenas y el 88

“Hemos visto cómo lucha el pueblo, cómo se organiza… y de México será la victoria” Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, 1988
El otro México, Cárdenas y el 88
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Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- La génesis de la democracia moderna en México no se explica sin la eclosión del Frente Democrático Nacional en 1988. Bajo el liderazgo de Cuauhtémoc Cárdenas, la izquierda nacional erigió un bastión ético frente lo que denómino Paz en aquella época, el “ogro filantrópico”, un ogro, que mostró su rostro más crudo a través de la infame “caída del sistema”, en la que, a través del agotamiento terminal del régimen, se asfixiaba un porvenir que ya no le pertenecía.

El cardenismo de aquel año planteaba un choque frontal contra el modelo tecnócrata que asomaba la cabeza. Su apuesta más grande, era la soberanía energética. Dejar de ser el proveedor dócil de materias primas para convertir al petróleo en el eje de una industria nacional fuerte, en 1938, la expropiación fue fundacional, en el 88, habría significado un cumplimiento histórico. En este "otro México" posible, el país no habría caminado hacia el TLCAN de rodillas, se habría ganado un lugar en la mesa de la OPEP.

En esta ucronía posible, la integración de México a la OPEP habría sido el movimiento de jaque mate geopolítico. Habría significado coordinar precios y producción con el Sur Global, dejando de ser el esquirol que inundaba el mercado para bajar los costos a favor de Estados Unidos. Era un cálculo simple: sacrificar el volumen de exportación masiva a cambio de una industrialización interna de alto valor agregado.

Paradójicamente, esta disciplina extractiva propuesta en los ochenta también habría funcionado como una temprana política de vanguardia ambiental. Al regular el flujo del crudo y priorizar la eficiencia sobre el saqueo, se habría anticipado el debate sobre la transición energética, salvaguardando regiones hoy devastadas por la lógica del extractivismo neoliberal. Mientras los apóstatas del PRI prefirieron utilizar a PEMEX como la "caja chica" del régimen para financiar la transición al libre mercado, el cardenismo planteaba el petróleo como una palanca de desarrollo.

El 6 de julio de 1988, el pulso de México se detuvo, eso es un hecho. El fraude no solo alteró un resultado electoral; alteró la trayectoria del desarrollo mexicano, imponiendo un modelo de subordinación donde exportamos valor primario e importamos dependencia tecnológica. Sin embargo, aquel trauma social, por demás de la honda tristeza y rabia, permitió que a partir de la derrota impuesta se gestaran las simientes de la conciencia popular que hoy, décadas después, germinan en la búsqueda de una nueva República cimentada en la tríada de libertad, fraternidad y justicia.

Hoy queda de manifiesto que México no fracasó en la administración de su riqueza petrolera; fracasó el andamiaje entreguista que se negó a defender la idea de que el petróleo podía ser algo más que el combustible del olvido. La experiencia cardenista del 88 permanece como un recordatorio vigente de que la voluntad popular es, a fin de cuentas, el único recurso inagotable de esta nación.

SHA

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