

Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).– Hace seis años, Araceli Morales Fuentes, conocida cariñosamente como “Chely”, recibió una propuesta que le pareció imposible: hacerse cargo de la organización del torneo femenil en la cancha "Azteca Rápido". En ese entonces, Araceli no sabía nada de fútbol; no conocía las reglas, no sabía cómo llevar una tabla de posiciones y ni siquiera le gustaba el balón. Sin embargo, lo que comenzó como un reto laboral se convirtió en la pasión de su vida y en un acto de resistencia en un deporte históricamente dominado por hombres.
Hoy, Chely no solo administra la cancha, sino que ha logrado mantener y elevar el prestigio del torneo femenil más antiguo de Morelia, una competencia con cerca de 20 años de tradición. Lo que para muchos era un proyecto destinado al fracaso por la "complejidad" de tratar con mujeres futbolistas, para Araceli se convirtió en un aprendizaje diario sobre la disciplina, la lealtad y la garra de las jugadoras que cada semana dejan el corazón en el pasto sintético.
“Yo no sabía nada de fútbol antes de llegar a un centro deportivo; no conocía ni siquiera un balón. Pero el verlas, el conocerlas, el entender por qué juegan algo que les gusta, me apasionó. Me he esforzado en aprender, disfrutarlo y apasionarme con este proyecto sin saber nada, y me siento orgullosa de ir aprendiendo paso a pasito”, confesó Araceli en una emotiva entrevista para MIMORELIA.COM.
El camino no ha sido sencillo. Chely ha tenido que sortear barreras machistas y dudas externas que cuestionaban su capacidad para liderar un torneo de alto nivel. Desde aprender a sacar estadísticas de goleadoras y porteras, hasta gestionar los conflictos propios de la alta competencia, Araceli admite que al principio las preguntas superaban a las respuestas. No obstante, su determinación la llevó a construir un espacio donde el respeto y la admiración son el lenguaje común entre la organizadora y sus jugadoras.
Esa exigencia ha dado frutos: el Torneo Femenil Azteca es hoy un referente académico y deportivo en la ciudad, donde participan jugadoras preparadas que encuentran en la cancha un escape a las presiones de la vida cotidiana. Araceli relata conmovida cómo futbolistas veteranas le han compartido que acuden a jugar no solo por el triunfo, sino por el "cansancio de disfrute" que les permite sanar una semana de pesada carga laboral o familiar.
“Me decían que era complicado llevar un torneo femenil. Sí es complicado, pero también son muy disciplinadas, son organizadas, son luchonas, son guerrilleras. Siento bonito, me siento orgullosa de mí, hoy por hoy con muchos miedos, pero me he sentido orgullosa de ese aprendizaje de mí misma que ni yo sabía que podría hacer”, puntualizó Chely.
A pesar de que Araceli siente que el tiempo para ser jugadora se le pasó, su labor detrás de la línea de cal es fundamental para las nuevas generaciones. Se ha convertido en una figura materna y de autoridad, querida y respetada por cientos de mujeres que ven en ella el ejemplo de que nunca es tarde para enamorarse del deporte y que el liderazgo no entiende de géneros, sino de compromiso.
Con humildad, Chely envía un mensaje a las niñas y adolescentes de Morelia: que no tengan miedo y que se "avienten" a jugar. Su historia es la prueba de que el fútbol es mucho más que 22 personas tras un balón; es una comunidad que se sostiene gracias a mujeres que, como ella, decidieron aprender desde cero para abrirle la cancha a todas las demás.
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