Accidente en la salida a Charo, justo antes de llegar al Recinto Ferial, a la altura de una gasolinería. Maneje con precaución

 

Complicación vial en Plan de Ayala, cerca del mercado de San Juan, con dirección a San José

 

Congestión vial en libramiento, entre salida a Salamanca y al de Charo, por obras públicas

 

Caos vial para llegar al Recinto Ferial desde el distribuidor salida a Charo 

Las lecciones del 8m y del 9m

Columna_Isidro_Aguilera
La avalancha morada que invadió el país el domingo 8 de marzo cubrió las avenidas importantes en muchas ciudades de México. Las movió la inocultable violencia que se ha ensañado contra mujeres y niñas. La fuerza con que se han manifestado nos golpea el rostro y las conciencias. Visibiliza no solo a las muertas, a las ausentes sino también a una realidad flagrante, la de la violencia manifiesta pero también a la soterrada. A la violencia física se suman la económica, psicológica y laboral, digital, entre otras. De modo enérgico, el Gobierno del Estado y su cabeza, el gobernador Aureoles, decidieron sumarse a las demandas de las mujeres y atender las causas, pero también combatir las consecuencias de la violencia hacia las mujeres. Como lo expresó él mismo, "estamos lejos de alcanzar una igualdad real y sustantiva entre mujeres y hombres en la vida pública, en la vida privada y en general, en nuestra sociedad". Justo por ello, decidió medidas para fortalecer la defensa de sus derechos, ser parte y acompañar las exigencias que se han puesto en el centro del debate nacional. Insistió el gobernador: "Queda claro que está lucha va muchísimo más allá de lo estrictamente anecdótico. Algo en lo que, seguramente, muchos coincidimos. Estas manifestaciones recientes apuntan a que deben de hacerse cambios profundos para que los derechos laborales, los derechos económicos, los derechos políticos y sociales sean realidad de una vez y para siempre, porque esa es la agenda que sin duda las mujeres están poniendo sobre la mesa." Y el paro del día 9 nos mostró el rostro de un país con las ausencias importantes de las mujeres en muchos de los ámbitos de la vida cotidiana. El orden social que denuncian miles y miles de mujeres, tiene que cambiar porque no puede sostenerse algo que ha demostrado y que han denunciado como injusto como la expresión más rezagada, más primitiva, más inhumana y en consecuencia inaceptable, del trato hacia las mujeres. Como dice el escritor Enrique Serna sobre la marcha y el paro: “Si queremos desenlodar la palabra hombría, su lección de valor civil nos obliga a corresponderles con acciones concretas en favor de la paz social”.