¿Y la resurreción?

¿Y la resurreción?

Vista panorámica

El mundo se hunde en descomposición, desenfreno, pasiones desatadas, es el reino de todos los pecados capitales, de bacanal y de todos los crímenes, todos se dan cita y se perpetran.

Es un mundo sin vida moral y no tiene conciencia, el ser humano muchas veces actúa por capricho, se permite todos los excesos. Se legisla a favor de crímenes abominables, como son los atentados contra la vida humana en su inicio y su término.

Se promueven las desviaciones de la naturaleza humana, de la identidad sexual y su ejercicio normal. Se da impulso a los pecados contra la naturaleza por los que Sodoma y Gomorra fueron consumidas por el fuego. Ahora los grandes del dinero en el mundo, para fines obscuros y destructivos promueven violaciones y aberraciones.

Hay manifestaciones de barbarie. Las manifestaciones arcaicas de desorden y abuso se dan cita en un mundo de avance tecnológico pero de retraso y perversión y retroceso moral. Hay actitudes criminales, propias de las épocas más atrasadas.

El demonio del dinero somete a las naciones. No se detienen ante nada, no tienen ningún orden moral. Provoca las bajas pasiones, los instintos primitivos y desordenados del ser humano. Los hace que se revuelquen en los placeres del sexo y las bebidas y comidas. Todos los excesos son posibles para satisfacer el capricho del hombre que se constituye en centro del universo, no hay límite sino el de satisfacer el capricho desbordado e insaciable de los instintos que pierden su dignidad y su control y se vuelven implacables y desenfrenados.

Al mismo tiempo asistimos a un espectáculo de tragedia, destrucción y sufrimiento sin nombre. Hay signos de muerte: es un mundo en que las armas hacen estragos por todas partes. Corre la sangre y no pasa nada, nadie frena ni hay castigos. Los criminales hieren a sus anchas y a ojos vistos y no pasa nada.

No hay ley ni autoridades que protejan. Asistimos a asesinatos, asaltos en casas y comercios, en la calle, el auto.

Las autoridades llegan después de cometido el crimen y hacen declaraciones altisonantes y huecas que nadie cree, sólo para engañar a bobos.

Es un desastre en todo el país, en todos sus rincones.

Reina la iniquidad, la mentira. La gente ha perdido la esperanza, la confianza y la tranquilidad.

Siguen torturando a Cristo con crueldad e injusticia en la persona de los pobres inocentes. Los malvados siguen aplastando, mintiendo, sembrando el terror. Siguen muriendo y tratando de escapar los inocentes. La muerte y las tinieblas continúan. ¿Estamos condenados y sin esperanza?

La luz de lo alto

¿Dónde está oh, Cristo tu victoria, donde el mundo nuevo sin maldad, el consuelo de los que sufren, de los pobres, de los que lloran por el luto, están enfermos, tienen hambre, de los huérfanos y las viudas?

El Misterio Pascual de muerte y Resurrección en la vida del individuo, en la historia del género humano es una realidad tremenda y profunda, no un cuentito fácil y con final color de rosa, con un happy end.

Es un enigma que nos pone de rodillas, es inextricable y supera nuestras capacidades humanas, tenemos que elevarnos al más-allá de Dios y de su Proyecto Secreto. Movidos por su Espíritu Santo, nuestra mente accede a otra comprensión de la vida y del universo.

El Proyecto de Dios nos levanta a otra dimensión y nos permite una nueva concepción de la vida, del gozo y de la plenitud. Entramos a un mundo nuevo.

Es necesario renacer al hombre nuevo, como afirma el Maestro. Es necesario convertirse a la Palabra del Señor, creerla y dejarse guiar en el Proyecto de Dios.

Hay que ser como el Maestro, disponible, entregado, mártir y santo. Alguien afirmó que el mundo avanza con la sangre de los inocentes. No se va a cambiar la historia yéndose de vacaciones y dándose a los placeres fáciles, arrastrados en la dinámica de hacer dinero de los grandes capitales.

Cristo consumó la victoria, venció la maldad y la muerte, resucito, el creyente tiene fe y es testigo de su triunfo, de su vida nueva que protege a los pobres y desamparados. A muchos se ha aparecido en circunstancias terribles.

Cristo redimió al mundo y se puso a la cabeza del pueblo de creyentes que deben dejarse encontrar por él, transformarse y ser testigos de la vida nueva de la resurrección.

La felicidad eterna se consigue subiendo a cuestas el camino de la cruz y ofreciendo su vida para la redención de muchos. “El que pierda su vida por mí la encontrará”, afirma el Mesías. La vida plena y definitiva se da sólo en el país de la vida. Esta vida es el viacrucis que terminan en la ofrenda sangrienta y resucita.

Los creyentes debemos librar la victoria para entrar en el mundo nuevo de Cristo. El desafío es tremendo, pero hay que entrarle.

Cristo resucitó. Hay que dejarse encontrar por él, renunciar a los placeres fáciles, aceptar el llamado, entregarse y hacer realidad el mundo nuevo.

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