Taxhistorias


Taxhistorias

Las y los taxistas transportan personas y cosas, pero también trasladan versiones de la vida en toda su amplitud, siempre con el cuidado de no mencionar a sus “fuentes” o personas de conocimiento.

Primera historia breve. Los “sugar daddy” y las “sugar mommy”. Un taxista, platicando sobre cómo la juventud ha cambiado, me dice:

- Fíjese que el otro día se subió al taxi una chica bonita, joven y me venía platicando que ella tenía su “sugar daddy” y que él le daba a ella dinero y cosas; yo la dejé hablar -continuó el taxista- pero tiempo antes de que se bajara de la unidad, le dije que me disculpara por lo que le iba a decir, pero le pregunté que si ella estaba consciente de que lo que estaba haciendo con el “sugar daddy” era prostitución; pero ella -cuenta el taxista- le respondió que no, que era diferente, que eran cosas distintas, que una cosa era el “sugar daddy” y otra la prostitución.

- Yo creo, me dijo el taxista, que en realidad es lo mismo, pero la sociedad, con el fin de aceptar la práctica, ahora le dice “sugar daddy” o “sugar mommy” -que también hay chicos en eso- en vez de prostitución.

Segunda breve historia. “Fraude amoroso”. Otro taxista, platicando sobre la misma situación de los jóvenes, me dice:

- Ahora los jóvenes quieren todo fácil, rápido y en la mayor medida. Hace no mucho, -me dice el taxista- atendí un servicio por la noche y se trataba de una joven bien formada que me pidió que la llevara a una dirección porque iba a llevar unos documentos de un crédito. Yo la llevé -siguió el taxista- y al llegar a la dirección la joven me dice, espéreme tantito, nada más entrego los papeles y nos vamos. La esperé unos pocos minutos -continuó el conductor- y la chica volvió y me pidió que la trasladara al domicilio en donde la recogí, lo cual hice y al llegar me pagó por un valor de 4 o 5 veces el servicio, y me dijo que si estaba interesado en trabajar para ella, esos ingresos serían frecuentes, lo cual yo acepté, porque era buen dinero, rápido y fácil.

- Pero -dijo el taxista- como a la tercera vez en la que siempre ocurría lo mismo con brevedad, reflexioné que los traslados eran por la noche y se me hizo raro, así que al volver la chica a la unidad, le pregunté: oiga, dígame la verdad de qué se trata esto, porque está raro; a esta hora no abren las oficinas para hacer trámites de créditos y usted se baja y vuelve rápido al taxi. La chica, al final, me reveló que lo que hacía era que navegaba en páginas de citas en internet, que contactaba a hombres, convenían un sexo-servicio, ella ocurría al lugar en donde era citada, entraba al lugar, les decía a los clientes que le pagaran por adelantado para ella a su vez pagar el taxi que la estaba esperando, tomaba el dinero sin que se materializara el sexo-servicio y nos íbamos, escapando del lugar.

- Yo le dije -agregó el taxista- que al saber lo que en realidad estaba sucediendo, así no seguía, porque no quería problemas, por mucho que ganara. No sé que pasó con ella.

Tercera breve historia. “Hay que chambear”. Una mujer taxista, con la cara cansada, me trasladó de un lugar a otro por la mañana, y al preguntarle sobre si llevaba muchas horas trabajando, me contó:

- Me levanto como a las 6 de la mañana, llevo a mi niño con la hermana de mi ex-esposo, lo dejó con ella y regreso por mi hijo ya en la noche, porque tengo que ganar dinero para pagar nuestros gastos y darle dinero a la tía del niño que me lo cuida, ya que a pesar de que ella al principio no me cobraba, pues es mucho el trabajo que hace al cuidarlo y así me siento con más confianza de pedirle ciertas cosas sobre mi hijo.

- Yo -continuó la taxista- trabajo así todos los días y ya tengo mi clientela, pero solo convivo bien con mi hijo el domingo, mientras ando aquí, pero a lo mejor ya en la tarde me voy a dormir un ratito y le sigo.

Cuarta breve historia. “Las parejas”. Otro conductor, al hablar sobre las parejas, me cuenta:

- Uff señor, es un problema muy grande, hay de todo, pero si muchos problemas, yo creo por eso la gente se junta nada más y ya no se casa.

- Me han tocado -me decía el conductor- parejas que se vienen peleando horrible en el taxi; otras que se vienen dando besos y cuando uno o una de ellas se bajan y sigue la otra pareja, me dicen que vaya a tal o cual lugar y ahí ya está otra persona que se sube al taxi y se comienzan a besar, como si nada; aunque también hay algunas parejas “normales”.

Quinta y última breve historia. “Covid. Inseguridad y política”. Al preguntarle al taxista cómo le ido con el Covid, me dice:

- Pues ahí la llevo señor, pero si han muerto varios compañeros, uno por un mal diagnóstico, que le dijeron era un catarro y terminó en Covid, pero llegó ya en fase complicada; otro que se iba a operar de la traquea y en el hospital se contagió de Covid y murió; otro más, porque la mujer se fue a un baile, infectó al compañero y el murió; y otro pues que según andaba bien, y del viernes al lunes se murió.

- Lo que si -siguió el taxista- es que el trabajo bajó muchísimo, y no hay ayuda, además de que anda uno con el riesgo de la inseguridad, pero bueno, hay vamos, yo trato de cuidarme, ya me puse 4 vacunas.

- Yo creo -agregó el taxista- que hay cosas que este gobierno ha hecho bien, pero en realidad, creo que es lo mismo, para mi, en mi vida, las cosas no han cambiado mucho o nada; pero ahora un compadre luego de muchos años de trabajar en una planta de autos alemanes, ya lo subieron de puesto y va a ganar 50 mil al mes, imagínese 50 mil, ahora es jefe jefe, y me dijo que me iba a poder ayudar a pagarme más por los servicios de taxi que le hago.

Yo aprendo mucho de los taxistas y, más que de ellos, de sus historias, en una de las cuales, uno me dijo:

- “Uno debe aprender, y sobre todo, aprender a ser feliz”.

AC

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