¿Qué les pasa a los líderes mundiales?
¿Perdieron la cabeza, el sentido del bien y la ley?, ¿no son personas íntegras, como los grandes de la historia?
Vista panorámica
Tenemos ante nosotros personajes que nos desconciertan, se salen de los parámetros de los maestros, los líderes y sabios que han marcado rumbo a la humanidad.
Vladimir Putin es un autoritario, adicto al poder, que no respeta la Constitución de su país ni la democracia; es injusto, soberbio y autoritario.
Donald Trump está fuera del orden de la integridad, la sabiduría y de la moralidad. Es criminal, ha cometido actos de degenerado sexual, zoofilia y conducta escandalosa con prostitutas; es un delincuente que no respeta la ley. Es soberbio, arrebatado, sin dignidad. Se alza sobre el orden moral y comete toda suerte de crímenes, atropellos, injusticias y transas. No tiene ninguna calidad moral; su conducta va contra el orden establecido, que pisotea y viola a su antojo.
La líder opositora de la dictadura venezolana, María Corina Machado, desconcierta radicalmente. Su resistencia a la dictadura del tirano usurpador es valiosa y extraordinaria. El progreso democrático, la victoria presidencial negada en el mundo sobre Nicolás Maduro en la elección presidencial, ha marcado un avance sumamente valioso.
Pero muchos no entendemos su última gran aparición en escena, cuando visita al prepotente y loco furioso presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Su actuación desciende de sus realizaciones audaces y valientes contra la dictadura de Hugo Chávez y liderando la lucha de los venezolanos por la libertad y la democracia.
En otro orden de cosas y en otro campo de la actividad humana, en el orden de la fe de Cristo, encontramos el cambio de mando en la arquidiócesis de Morelia. Termina su periodo el arzobispo Carlos Garfias; toma el relevo el nuevo arzobispo José Armando Álvarez Cano, quien asume la conducción de esta porción del pueblo de Dios.
Su llegada es muy importante en este momento de transformaciones tecnológicas y sociales, de la anarquía y pérdida de valores trascendentes e inmutables del secularismo que vive el mundo de la comunicación electrónica y de la vida sin trascendencia y mundana que vivimos.
Luz de lo alto
Según la expresión de Robert Bolt, escritor, somos ciudadanos de dos reinos: el terreno y mundano, y el reino de la dimensión celeste y eterna del ser humano, inmortal, y su relación con el Creador y Ser Supremo, Dios. El mundo de Dios y del César.
En esta segunda dimensión actúa monseñor Carlos Garfias Merlos, que acaba de renunciar a su cargo por haber cumplido la edad canónica. Un arzobispo, pastor muy preocupado por el diálogo con la sociedad civil y la lucha por la construcción de la paz.
Esta preocupación marcó su ministerio de obispo, lo que lo llevaba a vivir esta relación con la autoridad política y algunas ONG en la construcción de una vida más plena en la paz, síntesis de todos los bienes según la Revelación de Dios. Privilegió la construcción de la paz y la atención a víctimas. Hizo falta la búsqueda de la oveja perdida, los hermanos sicarios.
Donald Trump no es político, no tiene ni proyecto de nación ni ideal de servir a los ciudadanos como personas humanas y hermanos. Ha mostrado ser un asesino y la bestia que pisotea a los hermanos que no tienen la piel color de leche: los migrantes y sus hijos, los niños, víctimas de violaciones sexuales; los negocios sin justicia que lo llevan ante las cortes judiciales. Otras personas con estos actos tienen vergüenza, dignidad y respeto por la sociedad humana.
Estamos ante un dictador prepotente, sin escrúpulos, sin ley. Él desconoce el derecho internacional y todo tipo de ley. Él lo afirmó sin ningún respeto al código de ética ni al orden de la creación que el divino Hacedor grabó en las entrañas del hombre y de todos los seres.
Es capaz de todo: de invadir y explotar Ucrania y Venezuela, contra toda lógica, contra el derecho; México, ya que sus antepasados le arrebataron más de la mitad de su territorio, desde la Alta California hasta el extenso estado de Texas.
Está decidido a ocupar Groenlandia y todo el mundo sin ningún derecho, contra toda justicia, si los demás países no le marcan un límite a favor de todos los pueblos.
María Corina Machado se ha ganado la admiración y mereció justamente el Premio Nobel de la Paz; me dejó sin entender su visita a Trump en la Casa Blanca. Aquella luchadora intrépida, visionaria contra el régimen de Hugo Chávez, se desvaneció.
¿Con qué fin visitó a Trump, como pordiosera y quebrantada, persona sin dignidad, desprovista de grandeza y audacia para afirmar su posición frente al dictador prepotente, bocón y arbitrario, que se cree el jefe y dueño del mundo?
¿Qué buscó con verlo?, ¿para qué?, ¿por qué lo hizo ante un invasor que no hizo nada por la paz en Venezuela, mantuvo el régimen espurio de la dictadura chavista, ilegal, mentirosa y traidora, si él y el vencedor de las elecciones en Venezuela en el mundo se robó la elección a Edmundo González y al sufrido y anhelante pueblo de Venezuela?
Ante esta actuación se me derrumba la imagen de la opositora venezolana. ¿Fue un acto de debilidad y ofuscación? ¿Quiso, por este camino, ganarse el favor del tirano Trump para apoyar la liberación del pueblo y restablecer la democracia? Me quedo confuso, sin respuestas.
Es la condición humana, frágil e incierta, en un mundo de choques, terrible y autoritario, que sufre los embates aniquiladores de alguien satánico como la Bestia del Apocalipsis.
rmr

