Presidenta: sus enemigos no somos los opositores
El sábado 10 casi pierdo a mi hermano: René Valencia Reyes, a quien Intentaron detener y privar de su libertad, tal y como lo hicieron con sus escoltas en la carretera Pátzcuaro-Erongarícuaro, porque un grupo armado decidió que su voz debía ser silenciada.
Logró huir, pero sus tres escoltas no tuvieron esa suerte. Fueron detenidos, golpeados y, ante la presión social, liberados después. La Guardia Comunitaria de Jarácuaro, la Guardia Nacional y el Ejército lograron concretar el rescate y ponerlos a salvo.
Esto ocurrió el mismo fin de semana que la presidenta Claudia Sheinbaum visitaba Michoacán. Qué ironía más amarga. El domingo 11 de enero llegó a Lázaro Cárdenas con discursos sobre paz y justicia, mientras Michoacán sufre violencia tiempo real.
En solo cinco días, al menos cuatro masacres se difundieron: el jueves 8, cuatro jóvenes masacrados en Cuitzeo, tres de ellos menores de edad fueron encontrados desmembrados en costales. El sábado, tres policías asesinados en Zamora, emboscados mientras patrullaban; mientras tanto, en Puruándiro, tres personas más fueron masacradas a balazos y ayer lunes 12, 6 personas fueron asesinadas en El Guayabo, municipio de Apatzingán. Las evidencias periodísticas dan cuenta de más de cuarenta homicidios cometidos en Michoacán durante enero.
Sí, el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia se anunció con más de 57 mil millones de pesos de inversión Gobierno de México, con 12 ejes y más de 100 acciones, con promesas de transformación integral. ¿Y los resultados?
Las masacres se multiplican. La definición de la palabra es clara: tres o más víctimas en un mismo evento. Michoacán las colecciona como si fueran trofeos macabros: los delincuentes controlan el territorio, deciden quién vive y quién muere, mientras el gobierno balbucea planes que se evaporan antes de implementarse.
¿Dónde está la seguridad prometida? Aquí está el problema central, presidenta: usted y su gobierno confunden a sus enemigos, nos tienen señalados a nosotros cuando los criminales disparan libremente. Nosotros no somos el enemigo, los activistas que alzamos la voz y defendemos a las víctimas no somos sus adversarios.
El enemigo está armado hasta los dientes, embosca en carreteras, masacra adolescentes, ejecuta policías, extorsiona comerciantes y desaparece personas. Pero ustedes nos descalifican, nos señalan, nos acusan de oposición desleal, invierten más energía en atacarnos que en perseguir a los criminales que están convirtiendo a Michoacán en un cementerio.
¿Saben qué es lo más perturbador? Que, si algo le hubiera pasado a René, la más perjudicada habría sido usted, presidenta, su imagen manchada de sangre, su narrativa de seguridad destrozada, su visita convertida en funeral político, su Plan Michoacán exhibido como el fracaso que ya es.
Y quizá eso era precisamente lo que buscaban los delincuentes, que pensáramos que hay complicidad, que creyéramos que el gobierno está coludido con quienes siembran el terror, porque un asesinato en medio de su visita hubiera sido la ofrenda perfecta, un regalo macabro a quien, hasta ahora, no hace nada realmente contundente contra ellos: un mensaje de poder, de impunidad y de control territorial absoluto.
No quiero creer eso, no puedo permitírmelo porque todavía tengo fe en las instituciones, pero ustedes nos obligan a preguntárnoslo cuando priorizan perseguir voces críticas sobre perseguir gatilleros asesinos, porque no evitan que adolescentes sean reclutados, secuestrados, torturados y descuartizados para después ser exhibidos como trofeos de guerra o abandonados en carreteras como basura.
Y nosotros, los que sobrevivimos para contarlo, seguiremos visibilizando la situación. Si el gobierno no la dice, prefiere maquillar cifras y celebrar victorias inexistentes, la sociedad civil lo hará. Revolución Social seguirá defendiendo los derechos de las víctimas, exigiendo justicia y señalando la impunidad, aunque eso nos convierta en blanco de amenazas.
Presidenta Sheinbaum, es tiempo de que entienda quiénes son sus verdaderos enemigos: quienes convierten a Michoacán en un territorio de terror. Están más enfocados en atacarnos a nosotros que a ellos, y esa es precisamente la tragedia, ese es el fracaso del Plan Michoacán que tanto se anuncia y tan poco se concreta.
René sobrevivió esta vez gracias a la ciudadanía organizada, gracias a las guardias comunitarias. Pero ¿cuántos no tendrán esa suerte?¿Cuántas masacres más vamos a tolerar mientras celebran estadísticas nacionales que no reflejan nuestra realidad? ¿Cuántos fines de semana más con adolescentes descuartizados y con policías emboscados?
El Plan Michoacán es más saliva que estrategia, más humo que resultados, más anuncios que hechos concretos. Y mientras se evapora entre promesas incumplidas, Michoacán sangra, las familias lloran, los activistas esquivamos balas y los defensores de derechos humanos nos convertimos en objetivos.
¿Hasta cuándo, presidenta? ¿Hasta cuándo seguiremos siendo el enemigo equivocado mientras los verdaderos criminales actúan con impunidad total? ¿Hasta cuándo Michoacán seguirá pagando con sangre el precio de un plan que solo existe en el papel?
¡México y Michoacán merecen una Revolución institucional y Social!
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*El autor es abogado, activista social, defensor de derechos humanos de víctimas, diputado local y presidente del PRI en Michoacán

