¿Piensa en divorciarse?

¿Piensa en divorciarse?

El matrimonio civil implica un rito en el cual dos personas se unen con apego a bienes y valores con la pretensión de formar una comunidad de vida duradera y concretar esos bienes y valores, como es la ayuda mutua, el respeto y refrendo de la igualdad entre los cónyuges.

Incluso, el matrimonio puede observarse en un sentido más místico, íntimo y emotivo por una o las dos personas que lo forman, como un acto de unión vital de y por amor.

Sin embargo, el matrimonio, pese a su vocación de permanencia, en muchas ocasiones resulta inviable, insostenible.

La infidelidad, la falta de comunicación, los celos patológicos, la violencia intrafamiliar, el haberse casado por "razones" insuficientes o erróneas (escapar de violencia o pobreza en la familia de origen, buscar la solución a conflictos psicológicos personales...) entre muchas otras causas, llevan eventualmente a la pareja al divorcio y esto es cada vez más frecuente.

Mientras en el año 2000, la tasa de divorcios resueltos sobre los matrimonios celebrados era de 7.4%, en 2019 esa tasa incremento a 31.7% (no se cita la tasa de 2020, al estimarse sesgada por la pandemia).

Eso quiere decir que actualmente un tercio de los matrimonios en México concluye en divorcio, lo cual aún está lejos de la tasa de otros países, como los Estados Unidos de América, en donde en números gruesos, la mitad de los matrimonios sobreviven y la otra mitad concluyen en divorcio.

A mi entender, el divorcio debe observarse como una opción residual de resolución de los problemas de los cónyuges, esto es, debe optarse en primer lugar por alternativas que permitan a la pareja solventar sus conflictos sin llegar al divorcio, si ello es posible, y solo arribar al divorcio cuando no existe una mejor opción disponible, no solo por los hijos, sino por los propios consortes.

Es por esa razón que en mi práctica profesional, cuando una persona acude a mí para promover el divorcio, lo primero que trato de hacer es entender el contexto en el cual se da esa pretensión de divorcio, se conversa con la persona sobre la posibilidad de que el matrimonio se conserve y, si es el caso, le pido a la misma persona que reflexione, se dé un tiempo, piense si es posible "arreglar" las cosas y con más serenidad decida convencida qué debe o quiere resolver; aunque es claro que en algunos contextos, por ejemplo en ciertos casos de violencia extrema, se debe actuar con celeridad y el paso a otras alternativas diversas al divorcio no se tienen a la vista.

El divorcio, sin embargo y en su caso, constituye una alternativa de respuesta a los problemas de los consortes en vías de solución y hoy está disponible con un mayor sentido de igualdad para los esposos, así como de protección y defensa de sus derechos y de los derechos de los hijos, en especial de los menores de edad.

El divorcio no debe valorarse como un fracaso, sino como una oportunidad residual de resolver problemas que de otro modo no son resolubles y como una alternativa de lograr el cometido esencial de la vida: procurar la felicidad; a condición de que el divorcio se promueva por las mejores razones posibles.

Hoy el divorcio se puede promover de tres maneras diferentes: uno primero, al que se llama divorcio administrativo, cuando no hay hijos o los que hay son mayores de edad y los dos consortes están de acuerdo en divorciarse. Este se promueve ante el juez del registro civil o en su variante ante un Notario Público. Es de observar que el decreto de ley que faculta a los Notarios Públicos para tramitar el divorcio se encuentra impugnado ante la jurisdicción federal.

Otro tipo de divorcio, es el judicial voluntario, que procede ante los jueces de primera instancia competentes, cuando los cónyuges lo deciden de común acuerdo y regularmente celebran un convenio que fija las normas observables sobre los hijos y, en su caso, los bienes y pensiones de alimentos.

El tercer tipo de divorcio es el judicial sin expresión de causa y lo puede promover cualquiera de los cónyuges sin la voluntad del otro y sin expresar la razón por la cual se quiere divorciar, basta que se quiera divorciar uno y procede con esa sola voluntad ante los jueces de primera instancia competentes, sin que para ello sea condición resolver los temas correspondientes a los hijos y/o los bienes, que sin embargo se han de resolver.

Si usted se encuentra en una situación en la cual está pensando en divorciarse, le sugiero considere al menos lo siguiente:

1. Reflexione de forma suficiente si existe una opción alternativa al divorcio que le permita conservar su matrimonio.

2. Busque información y asistencia profesional adecuada, no solo de abogados, sino de profesiones diversas, como un psicólogo, terapeuta y el que corresponda a los problemas concretos de la relación, antes, durante y después de, en su caso, resuelto el divorcio.

3. Si usted resuelve promover el divorcio, procure que el procedimiento elegido (administrativo, judicial voluntario o judicial sin expresión de causa) sea el más idóneo a sus propias circunstancias, considerando todo lo que se debe considerar: costos económicos y emocionales, tiempos, ética del abogado y posibilidades reales del procedimiento, entre otros aspectos.

4. En el caso de personas de recursos económicos escasos, existen instituciones públicas de asistencia que pueden apoyarle de forma casi gratuita para promover el divorcio.

5. Tenga como un principio fundamental la no violencia y evite el "uso" de los hijos como recursos de presión, venganza o revancha sobre su cónyuge y familia.

6. Si usted decide de forma convencida y por buenas razones promover el divorcio, considere que el divorcio, en su caso, no implica en si un fracaso (no se sienta culpable), sino una forma de resolver un conflicto que no se puede solucionar de otra manera y que le permitirá buscar su felicidad de forma legítima.

Eventualmente y en su caso, es mejor un divorcio sano que un mal matrimonio.

Cometarios: urielpr@gmail.com

rmr

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