No son Ramadujan, Sócrates, Picasso o Dios

No son Ramadujan, Sócrates, Picasso o Dios
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Albert Einstein, quizá el científico más popular de la historia humana, a sus escritos científicos, en especial al final de su vida, acompañó piezas de corte filosófico con temas que iban de lo que las cosas son al conocimiento y los valores, como la paz y la tolerancia.

En su “Credo humanista” una recopilación de escritos de Einstein, habló de muchos temas y del conocimiento de varias maneras, pero resulta muy atrayente su frase: “La imaginación es más importante que el conocimiento”.

¿Por qué es importante esta afirmación de Einstein, si casi todas las personas asumirían que el conocimiento, en especial para un científico, es su motivo y fin?

La razón puede encontrarse en que la imaginación, como una actividad intelectual orientada a representar la realidad, suponer, idear o inventar algo, permite concebir que esta facultad es universal, que es libre, aunque no libertina, y que es en muchos casos el estadio previo para conocer algo y resolver problemas de cualquier índole.

Ramadujan, el también celebre científico hindú, reconocido por sus “innatas” facultades intelectuales en el campo de la matemática; Sócrates el celebérrimo filósofo de frases que aluden a conocerse a uno mismo o a la admisión de la propia ignorancia; Picasso, el gran pintor hispano que abrió nuevas rutas a la pintura no figurativa; o Dios, como fe, no podrían ser lo que fueron y son, sin esa imaginación para resolver problemas generales.

Cuando Julio Verne escribió sus obras, por ejemplo “De la tierra a la luna” (1865), imaginó un viaje entre cuerpos celestes que hoy ya no es novela, sino historia.

Cuando se mira la Inteligencia Artificial o, si se quiere, las inteligencias artificiales (IA), lo que se puede observar -al menos quien esto escribe es lo que observa- es el fruto no de una, sino de miles de imaginaciones que permiten conjugar saberes filosóficos, científicos, éticos e, incluso, artísticos, con un propósito.

Ese saber ha dado paso a las IA como un producto o servicio intangible - sistemas, aplicaciones…- y bienes tangibles, desde la más pequeña pieza de una computadora, una gran web y super computadoras, que permiten usar toda la información disponible en redes, abiertas o cerradas, para comunicar con sencillez -también en esto se ha avanzado- la respuesta a un problema o pregunta que se plantea.

Una de las críticas fundamentales a esas IA, es que la información con la cual responden a los problemas, solo es aquella que se encuentra en el sistema electrónico en el que interactúa. Puede decirse así que esas IA no pueden tomar un libro del estante que esté al lado de la computadora, por más útil que sea, si no está en la red y, por ende, no será tenido en cuenta para responder las preguntas que se hagan.

También esas IA tienen la deficiencia de que no discriminan sobre la calidad, idoneidad o suficiencia de la información que tienen a disposición, así que, al arrojar un resultado a una cuestión, pueden tener en cuenta, incluso, información basura.

En negritas y subrayado, las IA carecen de imaginación, de un sentido ético, emocional o artístico sobre el ser y las cosas. Pueden procesar opiniones de personas humanas que estén en su sistema, pero esas opiniones son, por entero de las personas.

¿Quiere decir que las IA carecen de utilidad? No, por supuesto que no, porque facilitan el acceso instantáneo a una cantidad enorme de información procesada conforme a ciertas variables. Por ejemplo, si usted quiere encontrar cuál es el vuelo más barato para ir a España, consultará toda la información disponible y le dará el resultado, sin necesidad de que la persona haga una búsqueda, página por página, sitio por sitio y promoción por promoción, lo que quizá le llevaría horas, mientras la IA le muestra la mejor opción en instantes.

Pero realmente las IA no son inteligencia, no son imaginación, no tienen sentido ético, ni emocional, ni artístico, aunque para muchas personas les parece que sí, porque “parece como si pensarán” pero no.

Quien piensa, imagina, emociona, crea belleza y finalmente conocimiento, son las personas que crean las IA, y quienes aportan su conocimiento y uso.

Reitero, las IA, no pueden tomar del librero de al lado de la computadora, los libros, pinturas o discos físicos que no están en su red, y quizá en ese estante se encuentren obras como “Don quijote de la Mancha”, “Hamlet”, “Sobre la teoría de la relatividad” o la pintura de “La Gioconda”.

Las IA, al final son las personas que las hacen y las que las hacen funcionar, se debe pensar en ello.

RYE

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