Los manantiales rehabilitados en Urandén: círculo virtuoso del rescate ambiental al ecoturismo

Los manantiales rehabilitados en Urandén: círculo virtuoso del rescate ambiental al ecoturismo

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Las acciones implementadas por el Gobierno del Estado para el rescate del Lago de Pátzcuaro contemplaron diversos frentes de intervención. Uno de los más significativos, por su impacto ambiental y social, fue el de involucrar directamente a la comunidad de Urandén en la recuperación y saneamiento de sus manantiales, una fuente natural de agua para el disminuido cuerpo lacustre.

Urandén de Morelos, localidad perteneciente al municipio de Pátzcuaro, se fundó a principios del siglo XX. Tradicionalmente dedicada a la pesca, su población ha tenido que adaptarse, en las últimas décadas, a los efectos de los cambios sociales y, más recientemente, a los desafíos del deterioro ambiental, sin por ello renunciar a su identidad cultural, tradiciones ni costumbres.

Un paso decisivo hacia la autodeterminación fue su acceso al autogobierno como comunidad originaria, formalizado el 14 de septiembre de 2024. Esta decisión representa una herramienta clave para garantizar el cuidado de sus usos y costumbres, además de preservar sus recursos naturales. Se trata de un modelo de gestión que refuerza el papel histórico de las comunidades indígenas como sujetos con profunda conciencia y responsabilidad ambiental.

Es imprescindible, desde una perspectiva académica y social, comprender la idiosincrasia de los pueblos originarios: su forma de pensar, sentir y actuar, así como los elementos culturales que los distinguen. Las reformas constitucionales recientes han incorporado el reconocimiento de sus derechos colectivos y, en esta línea, Michoacán ha sido pionero al integrarlos progresivamente en los procesos de toma de decisiones. Sin duda, se trata de un avance significativo.

Urandén también se ha distinguido por su participación destacada en actividades deportivas como la regata y el canotaje, alcanzando campeonatos nacionales e internacionales. Durante algún tiempo, estos logros fueron ignorados por administraciones anteriores. No obstante, con la rehabilitación de los manantiales y los canales, estas prácticas se han reactivado, convirtiéndose nuevamente en parte del orgullo y la vida comunitaria.

Actualmente, con el respaldo gubernamental —a través de la inversión en empleos temporales y la promoción turística de sus manantiales rehabilitados—, la comunidad ha incursionado con éxito en el ecoturismo. Esta actividad, respetuosa del entorno, no solo contribuye al desarrollo económico local, sino que también refuerza el compromiso comunitario con la conservación de los recursos naturales.

Desde una perspectiva jurídica y ambiental, este proceso fortalece el reconocimiento del derecho humano a un medio ambiente sano, consagrado en el artículo 4º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que establece:

“Toda persona tiene derecho a un medio ambiente sano para su desarrollo y bienestar. El Estado garantizará el respeto a este derecho. El daño y deterioro ambiental generará responsabilidad para quien lo provoque, en términos de lo dispuesto por la ley.”

Este principio implica una responsabilidad compartida entre el Estado y la sociedad, clave para el éxito de cualquier política ambiental sostenible.

Es pertinente señalar que, si bien Michoacán aún no reconoce explícitamente este derecho en su Constitución local, sí cuenta con instrumentos jurídicos secundarios armonizados con la legislación federal, así como con instituciones relevantes —destacando la Secretaría del Medio Ambiente— que han desempeñado un papel activo y comprometido en la materia.

Como evidencia del impacto positivo de este modelo, destaca la reciente obtención del Premio Nacional en el Tianguis Turístico, en la categoría de Naturaleza, otorgado a los manantiales de Urandén. Este proyecto, respaldado por el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, forma parte de una estrategia más amplia para el rescate del Lago de Pátzcuaro y la promoción de una cultura de respeto a la naturaleza. Además de su valor ambiental, este logro ha generado una importante derrama económica en la región lacustre.

Impulsar a las comunidades indígenas hacia el ecoturismo genera un verdadero círculo virtuoso: por un lado, fortalece el desarrollo sustentable en sus dimensiones cultural, social y económica; por otro, promueve con claridad la restauración, conservación y protección del medio ambiente. Se trata de un modelo replicable que merece mayor atención desde las políticas públicas, la academia y la ciudadanía.

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