Las pluris: la póliza de vida de los partidos bisagra
En el discurso público se habla de representación, pluralidad y equilibrio democrático. En la práctica, las diputaciones plurinominales se han convertido en el salvavidas permanente de partidos que, elección tras elección, no logran sostenerse en tierra, pero sobreviven en la cúpula. Las pluris no corrigen la desproporción del sistema; la administran para que nadie se hunda del todo.
Los partidos bisagra entendieron hace tiempo el negocio. No compiten para ganar distritos, compiten para no desaparecer. Su estrategia no está en el territorio ni en la construcción social, sino en la negociación política: alianzas flexibles, discursos intercambiables y una presencia electoral mínima pero suficiente para asegurar prerrogativas, posiciones y curules que no pasarían por el filtro del voto directo.
El resultado es un Congreso donde varias bancadas no representan regiones ni causas, sino acuerdos previos. Legisladores sin campaña, sin calle y sin costo político ocupan escaños clave, votan reformas estructurales y se convierten en moneda de cambio entre bloques mayores. No pesan por su respaldo ciudadano, pesan por su utilidad aritmética.
Este modelo tiene un efecto corrosivo: debilita la rendición de cuentas. El diputado pluri no le debe el cargo a un distrito, sino a una dirigencia. No responde a electores, responde a pactos. Y cuando llega el siguiente proceso electoral, la lógica se repite: si el partido no crece, no importa; si no gana, tampoco. Mientras alcance el porcentaje mínimo, la póliza vuelve a activarse.
La discusión sobre eliminar o reducir las plurinominales suele quedarse en la superficie, atrapada entre el populismo y la defensa corporativa. El problema de fondo no es la figura, sino su uso como refugio permanente para estructuras políticas que dejaron de representar y se especializaron en sobrevivir.
Mientras no se rompa esa lógica, las pluris seguirán siendo lo que hoy son: no un mecanismo de equilibrio democrático, sino el seguro de vida de partidos que ya no caminan solos, pero tampoco se dejan caer.
En Michoacán, como en todo el país, tenemos ejemplos de esos partidos que buscan pluris como salvavidas: PT y su discurso ideológico pero que en realidad solo son mercenarios de la izquierda para ocupar puestos y sangrar al presupuesto; el PVEM, igual, pero menos radicales, se venden como meretrices; el PRI desesperado por no desaparecer y mantener su cuota endurece el tono solo con eco mediático, sin nada operacional ni territorial que signifique votos. Solo manotazos en la mesa política.
El PRI Michoacán, en su desesperación, un día dice ir solo, otro se inclina en el piso para ser tapete de “los sombreros”, a la semana siguiente, de manera incongruente, le abre la puerta al alcalde moreliano.
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