Las plataformas electorales

Las plataformas electorales

La legislación electoral desde el denominado Código Federal Electoral del 12 de febrero de 1987 estableció la figura de “la plataforma electoral mínima que cada partido político deberá presentarse para su registro ante la Comisión Federal Electoral, dentro de los primeros quince días del mes de abril del año de la elección”. En dicha legislación, la solicitud del registro de candidaturas comenzaba el 1 de mayo; es decir, la filosofía de dicho sistema se planteó en términos de primero la idea y luego la persona; en otras palabras, primero el proyecto y luego la candidatura. Es decir, una visión institucional, no personalista de la formación política.

El Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe) del 15 de agosto de 1991 estableció una mayor fuerza de las plataformas electorales al redactarse: “Para el registro de candidaturas a todo cargo de elección popular, el partido político postulante deberá presentar y obtener el registro de la plataforma electoral que sus candidatos sostendrán a lo largo de las campañas políticas”. Estableciéndose, como ahora, su presentación ante el Consejo General del IFE, ahora del INE, dentro de los primeros quince días del mes de enero del año de la elección.

Pero aquel viejo COFIPE del siglo pasado definió que: “Tanto la propaganda electoral como las actividades de campaña (…) deberán propiciar la exposición, desarrollo y discusión ante el electorado de los programas y acciones fijados por los partidos políticos en sus documentos básicos y particularmente, en la plataforma electoral que para la elección en cuestión hubieren registrado”. Dichas redacciones y tiempos se mantienen en la actual Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales; solo que desde la reforma electoral de 2007-2008 aparece la figura de las precampañas, como las contiendas internas para la selección de candidaturas, cuyo periodo inicia de forma anticipada a la presentación de las plataformas electorales y finaliza cuando ya han sido presentadas.

La ubicación temporal de las plataformas electorales en torno a las precampañas debería ser una gran oportunidad para la discusión interna dentro de los partidos políticos sobre los proyectos que promoverán en sus campañas sobre materia económica, social, política, internacional, fiscal, educativa, salud, seguridad; más allá de una discusión centrada en las imágenes personalistas positivas y negativas, que terminan banalizando la política, alejándola de la naturaleza primigenia de la voz “política”, como los asuntos de la comunidad.

Frente a un mundo donde el marketing político ha cosificado este ejercicio, convirtiendo a personas en mercancías, que además, ha potencializado las redes sociales; es menester rescatar la discusión sobre los grandes problemas nacionales, de la entidad y de los municipios; cuyos dilemas no dejan de ser complejos, por lo que no es conveniente retrotraerlos al siglo XIX, en una lucha entre el bien y el mal que termina polarizando a la política; sino reconstruyendo el diálogo en pluralidad e inclusión para postular ideas en beneficio de la comunidad.

De manera que hay que devolver la trascendencia de las plataformas electorales y en esa tarea, los partidos políticos tienen un papel muy importante, para que su presentación no solo sea un trámite burocrático, sino el punto de partida de la presencia de las candidaturas en campaña. Ciertamente habrá que estudiar con mucha mayor profundidad la forma en que se debe ir enriqueciendo el proyecto postulado por cada partido o coalición, inclusive dentro de las campañas, para que al electorado le quede muy claro por cuáles proyectos puede votar y se construya un voto razonado, más allá de la elección emocional que manipula el marketing político.

rmr

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