La sociedad se hace añicos

La sociedad se hace añicos

Sin los valores humanos y divinos que sostienen el edificio de esta civilización, se derrumba con consecuencias imprevisibles.

Una vista panorámica

Cuando asistimos a la demolición de la democracia, que es nuestra manera de vivir, cuando desaparecen los grandes valores y los principios que sostienen el edificio social, cuando la lógica y el lenguaje se descarrilan, uno se pregunta con terror apocalíptico: ¿a dónde vamos a parar?

Es el show de la reforma energética, los amparos del juez Juan Pablo Guzmán, el asalto de Andrés Manuel que neciamente juzga y condena.

Es la violencia contra las mujeres. Violaciones. Los feminicidios aumentan. Impunidad. El presidente es tapadera de un violador en descarada inmoralidad.

La gestión desastrosa de la pandemia del coronavirus. Cientos de miles de muertes, es responsabilidad del presidente y subalternos. Manipulación arbitraria de las mediciones, los semáforos. Les interesa su “hueso” por palabra elección, el negocio y el dinero antes que la vida de las personas.

Los Servidores públicos están en la carrera política por las ventajas económicas, chapulines del circo nacional. Gestión Federal pública sin proyecto ni orden ni avance.

Polarización de los mexicanos, enfrentamientos de ideas y palabras.

Etc., etc.

¿Qué está pasando? Intento entender y hacer un diagnóstico, poniendo orden en las ideas. Los hechos escandalosos se suceden en cadena en todas las vertientes del acontecer nacional.

Quienes hacen el mal, lo saben pero lo disimulan, siguen arropándose en el orden moral.

Son sofistas, retóricos y malabaristas de las palabras. Tienen el arte de engañar, hacer creer y demostrar astutamente que la razón los asiste.

Estamos, según los líderes, en el mejor de los países, con el mejor gobierno, la pandemia y todo “nos (al presidente) cae como anillo al dedo”.

Vamos en la cresta del oleaje turbulento del caos y la destrucción y hay tantos que siguen soñando y están muy sonrientes. El conductor del país, enajenado, ha perdido el contacto con la realidad. ¿Quién logra despertarlo antes de la catástrofe fatal? Pero si los colaboradores cercanos están en la misma condición.

La sabiduría de lo alto

El mandamás conduce el pueblo del homo sapiens, de la criatura humana que el Creador formó para llegar a la meta y destino definitivo, construyendo un mundo sabio Y armonioso, conociendo el progreso y el éxito de alcanzar la vida en plenitud, la felicidad y la gloria.

Mientras el hombre siga siendo hombre, mientras el presidente no cambie de naturaleza que Dios asignó al país formó dándole un orden moral de valores y principios, leyes, tendrá que guiarse por los valores establecidos, inmutables. No estamos en un mundo raro, de extraterrestres, seres de otra creación, de otro cosmos. No podemos dar la espalda a los grandes sabios y legisladores: Moisés y los profetas, Jesucristo, Aristóteles y los grandes filósofos, Justiniano el formador del Código, León XIII, Juan XXIII, Suárez, Nietzsche, Marx, Bauman y la pléyade de pensadores que nunca perdieron el contacto con la realidad.

La Iglesia Católica de Jesucristo, maestra en sabiduría, no deja de enseñar los grandes valores, inmutables y los principios que orientan la vida democrática y la gestión de autoridades y líderes.

Establecen un valor central: la gestión pública, el gobierno y la política están al servicio, no del jefe, sino de la persona humana que vive en sociedad. Se debe garantizar el bien común.

Nos fijamos en uno de los valores cardinales, la verdad. Es un valor universal, roca de luz, inconmovible de la marcha de la humanidad en la historia, de quienes buscan hacer un pueblo sabio, feliz, armonioso, en el estado de derecho, avanzando rectamente a un futuro mejor de progreso y bienestar.

Se necesitan hombres que aceptan la verdad como un valor universal que los ata, que los obliga. Verdad es honestidad, coherencia, es aceptar la realidad con los resultados aunque no convengan al sujeto.

Es coherencia, coincidencia de los discursos y de los hechos, nuestros políticos dicen en sus promesas, no la realidad, sino lo que le gusta oír a la gente, demagogia, populismo, promesas sin fundamento que no piensan cumplir ni cumplen de hecho.

La verdad tiene fundamento en los hechos que no tienen las afirmaciones dogmáticas. La palabra del líder no es divina ni mágica para crear lo que afirma, porque el presidente no es Dios aunque tenga aires de Luzbel que quiso ser igual a Dios.

El que no tiene la virtud de la verdad tiene el vicio de la mentira: engaña, es falso, se contradice como quien dice defender la democracia y va contra la división de poderes, se mete en el terreno del poder judicial, juzga sin fundamento las decisiones y las condena cuando no favorecen su proyecto personal.

Modelo de conductor es Cristo. Por liberar a sus hermanos de la corrupción, por defender la verdad ante gobernantes enajenados, despóticos, falsos profetas, lobos disfrazados de ovejas, Cristo derramó su sangre en la cruz, él había proclamado: la verdad los hará libres.

La Iglesia católica tiene un compendio de miles de años de sabiduría, ahí leemos:

“nuestro tiempo requiere… un compromiso correspondiente por parte de todos, para que la búsqueda de la verdad, que no se puede reducir a un conjunto de opiniones o a alguna de ellas, sea promovida en todos los ámbitos y prevalezca por encima de cualquier intento de relativizar sus exigencias o de ofenderla.

(Compendio de Doctrina Social de la Iglesia N. 198).

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