La República de la ficción

La República de la ficción

¿En qué país estamos? Nos hemos soltado de la realidad y volamos muy alto, soñamos y mentimos. Hay que anclar los pies en la tierra.

Vista panorámica

¿Qué enfermedad tiene el individuo que no reconoce sus actos perversos, sus diabluras ? No acepta humildemente su responsabilidad, simplemente niega, es negón, o no tiene el coraje para aceptar su responsabilidad y le echa la culpa a otro; trata de distraer señalando a terceros. Descubre los crímenes de su interlocutor: “también tu…” Trae a colación crímenes más grandes,

Así , hay quien se defiende edeos errores en la lucha contra el crimen organizado señalando los graves errores, a veces solamente supuestos, de quien gobernó varios sexenios antes. Le saca a un problema condenando a Felipe Calderón, nada que ver con el problema que se le plantea. En buena lógica no responde, se sale por la tangente y agrede con acusaciones.

“Me molesta que le llamen triángulo dorado” . ,¿Quién se cree, el señor de México y de toda la tierra. Aparece un yo sobrado, de una soberbia inaudita.

En las ruedas de prensa y declaraciones, en todo tipo de comunicación, hay que hacerle frente la a la realidad, hay que aceptarla. No es de un ser humano adulto, maduro, sensato y salirse por la tangente e introducir otro tema,, fingir demencia, hacerle al loquito y hablar de otra cosa que no viene al caso. Es lo mismo cuando se introduce otro tema de discusión: cuando arrecia la inflación y la gente sufre problemas muy graves, alguien se pone a hablar del horario de verano.

Es el mismo vicio que guardar silencio sobre temas de gran importancia y suma actualidad: el cambio climático y la sequía con todo el potencial de muerte que representa para la ecología ambiental y la ecología humana, la violencia y el desamparo la sangre derramada.

“No voy a tocar a Peña Nieto”. Es un despropósito que escandaliza e indigna a las multitudes. Aparece nuevamente la arrogancia y la prepotencia de alguien que se cree dueño de la historia y de la ley.

Viéndolo en su justa dimensión es un despropósito de soberbia satánica en la línea que es el siervo de los mexicanos, obligado a cumplir la ley por su condición humana y porque lo juro en la toma de posesión. Por oficio, debe aplicar la ley a Peña Nieto, prototipo de corrupción, a los “seres humanos” del crimen organizado, a sus fans corruptos y a todo infractor de la ley, sin excepción ni distinción.

La luz de lo alto

Cuando éramos niños mentíamos y y sufríamos un castigo de los papás y un castigo social. Cuando crecíamos nos íbamos limpiando del vicio de las mentiras.

¿Qué ha pasado que los adultos mienten con flagrancia y no tienen sanción social? Se han perdido las virtudes que hacen los hombres sólidos, constructores de un mundo inconmovible , claro, transparente, donde se puede confiar.

Se han perdido los valores universales e inmutables que hace nuestro mundo sólido, ordenado, seguro, previsible.

Sin valores, las personas pierden su carácter adulto, seguro, lógico y armonioso.

Cuando el hombre construye su ciudad sobre la verdad, cuando mira, escucha y asume la realidad, se construye sobre la verdad y el mundo es lógico, seguro, ordenado.

Cuando desechamos los colores universales como la verdad vamos rodando en la ciudad líquida. Es parte de la sociedad para líquida de Bauman.

Caemos en el relativismo lógico inmoral en el que lo imposible es posible. Todo fluye, PANTA REI, como sostenía Heráclito. Nada es durable y firme y confiable, no podemos atenernos a nada, todo se nos puede derrumbar: las conquistas democráticas, las instituciones patrias, el orden y el Estado de derecho, el régimen de las libertades, la armonía, el progreso y el gozo y la conquista de la meta final.

Damos marcha atrás, estamos en plena involución, hemos retrocedido a los años peores de la dictadura priísta, regresamos a la barbarie y vamos al caos original.

Nuestra civilización de la verdad y salud mental se derrumba y vamos flotando en el desorden y el caos y nos convertimos en una sociedad esquizoide, enfermiza, expuesta a todos los excesos, la destrucción. Se pierde la lógica y construimos la ciudad de la mentira y, por ende, de lo absurdo.

Dejamos el contacto con el mundo objetivo y nos fugamos a la enajenación, a la realidad virtual de los políticos, los comerciantes y los poderosos el dinero. El mundo ordenado y lógico, previsible y orientado al bien definitivo pierde control y su movimiento es errático y sin sentido.

Basta escuchar el discurso de la clase dirigente: es veleidoso y convenenciero: cambian radicalmente cuando son partido en el poder y cuando son oposición. Es sorprendente la capacidad de retórica para modificar la realidad, ofrecer el paraíso populista o y victimizarse. La danza de héroes y villanos es mágica e imprevisible.

Los católicos de Cristo tenemos un terreno firme como una roca de granito: el poder no es para enriquecerse sino para servir en el desprendimiento. Hay que suspender toda la palabrería y la habilidad retórica, falaz e hipócrita. “Cuando ustedes hablen, digan “sí” o “no”. Todo lo demás viene del Maligno” (Mateo 5.37).

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