La hipocresía política de la 4-T
Guillermo

La hipocresía política de la 4-T

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La captura de Nicolás Maduro ha despertado en Morena un fervor por el derecho internacional que jamás mostró cuando desapareció el Poder Judicial. Es fascinante, casi poético, ver cómo la soberanía venezolana les importa más que la soberanía de nuestras propias instituciones. Pero no nos sorprendamos: la doble moral en política tiene muchos rostros, y en Morena se ha perfeccionado hasta convertirse en arte.

Carlos Alberto Manzo Rodríguez, alcalde de Uruapan asesinado el 1 de noviembre de 2025, suplicó ayuda al gobierno federal en múltiples ocasiones. Denunció públicamente que su municipio estaba rodeado de grupos criminales de todos los colores y cárteles. Nadie en Morena movió un dedo. Cuando fue asesinado, el silencio fue ensordecedor. En contraste, ante la captura de Maduro, un dictador con acusaciones de narcotráfico y violaciones sistemáticas a derechos humanos, Morena desplegó un dispositivo de solidaridad internacional digno de mejor causa. Marchas, comunicados, condenas. ¿Dónde estaba esa energía para Carlos Manzo?

La Carta de las Naciones Unidas es sagrada cuando se invade Venezuela, pero fue papel higiénico cuando desaparecieron el Poder Judicial. La ONU advirtió que la reforma judicial violaba estándares internacionales de independencia judicial. López Obrador respondió con desprecio, diciendo que México se rige por su Constitución y que la ONU carece de legitimidad. Ahora, con Venezuela, el derecho internacional vuelve a ser un dogma incuestionable. ¿Cómo se llama esto? Cinismo geopolítico.

México registró 102 activistas ambientales asesinados durante el gobierno de AMLO, según el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, siendo Michoacán el estado más letal en 2023 con ocho asesinatos. ¿Cuántas marchas convocó Morena por ellos? Ninguna. Pero hay tiempo de sobra para defender a Maduro. Familias buscando a sus seres queridos, colectivos excavando fosas clandestinas. ¿Dónde están las marchas de Morena? Ah, pero Maduro sí genera movilización inmediata.

Morena defiende con pasión la soberanía venezolana frente a Estados Unidos. Perfecto. Pero cuando Trump amenazó a México con aranceles e intervención militar contra el narco, el discurso fue de negociación y pragmatismo. La soberanía propia se negocia, la ajena se defiende con himnos y banderas. Durante las protestas de noviembre de 2025, jóvenes manifestantes fueron reprimidos con gases lacrimógenos en Morelia y Guadalajara. Morena minimizó todo como provocación de la derecha. Pero la operación militar contra Maduro es represión imperialista.

Morena destruyó la independencia del Poder Judicial mexicano con su reforma que somete a jueces y magistrados a elecciones populares, ignorando advertencias de la ONU, Estados Unidos, Canadá, cámaras empresariales y académicos. La presidenta Sheinbaum anunció que no acataría fallos de la SCJN. Pero cualquier concentración de poder en otro país sería motivo de alarma democrática. Cuando la presidenta descalificó la marcha de la Generación Z como manipulada por la oposición y orquestada con bots, nadie en Morena habló de libertad de expresión. Pero cualquier crítica al régimen de Maduro merece toda la solidaridad del mundo.

Morena militarizó la seguridad pública integrando la Guardia Nacional a la Sedena. Las Fuerzas Armadas controlan aduanas, puertos y obras públicas. Pero cualquier despliegue militar estadounidense en América Latina genera comunicados airados sobre militarismo imperialista. Estados Unidos acusa a Maduro de narcotráfico y vínculos con el crimen organizado. Morena lo defiende como víctima del imperialismo.

Maduro fue acusado de fraude electoral en 2024 sin mostrar actas que lo acreditaran como ganador. Morena guardó silencio diplomático, respetando la autodeterminación del pueblo venezolano. Pero cuando en México se cuestionó la sobrerrepresentación que favoreció a Morena en el Congreso, cualquier crítica fue tachada de golpista. Los índices de impunidad en México están entre los más altos del mundo, con más del 90 % de los delitos sin resolver. Pero Morena tiene tiempo para organizar marchas de solidaridad con líderes extranjeros cuestionados por la justicia internacional.

Las protestas contra gobiernos de derecha en América Latina son legítimas expresiones populares. Las protestas contra Morena son orquestadas por la oligarquía y financiadas desde el extranjero. El manual es predecible.

AMLO prometió resolver el caso de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa. Seis años después, el caso sigue sin resolverse. Las familias continúan exigiendo verdad y justicia. Morena minimiza su fracaso, pero está pronto para condenar violaciones a derechos humanos en otros países.

La doble moral no es patrimonio exclusivo de Morena, pero ellos la han elevado a doctrina de Estado. Y mientras tanto, Michoacán sangra. Nuestros activistas desaparecen. Nuestros alcaldes son asesinados. Nuestras familias buscan a sus desaparecidos. Pido que defiendan también a México con igual o más pasión, porque aquí tienen cargos públicos. Que las leyes internacionales valgan igual aquí que allá. Que los desaparecidos michoacanos importen tanto como los líderes extranjeros.

¡México y Michoacán merecen una revolución institucional y social!

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El autor es abogado, activista social, defensor de derechos humanos de víctimas, diputado local y presidente del PRI en Michoacán.

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