La distritación federal

La distritación federal

El pasado 14 de diciembre, el Consejo General del Instituto Nacional Electoral aprobó la nueva demarcación territorial de los 300 distritos electorales federales, en atención al criterio establecido en el artículo 53 de la Constitución, en el sentido de lo que resulte de dividir la población total del país, conforme al último censo general, entre 300.

Lo anterior permite que la representación de mayoría relativa, de la Cámara de Diputados, tenga un equilibrio poblacional, dándole fuerza al peso igualitario del voto de cada ciudadana y ciudadano.

Además, esta decisión administrativa, que afecta la representación de los pueblos originarios y afromexicanos, debe estar fundada en una consulta previa libre e informada a éstos, en la conformación del agrupamiento de los municipios con 40% o más de población indígena y/o afromexicana cuando esto sea posible.

Otros criterios operativos son que los distritos electorales federales se deben construir, preferentemente, con municipios o demarcaciones territoriales completas; que deben obtener la mayor compacidad, esto es, que los distritos electorales tengan una forma geométrica lo más cercana a un polígono regular; que se busque facilitar el traslado en su interior, y que tengan continuidad geográfica.

Todo ello se calcula con indicadores que integran una fórmula matemática que deriva en un índice (costo) de cada escenario que resulte de la combinación de secciones y municipios, según sea el caso. Como el número de combinaciones posibles representa cifras gigantescas, todo ello se realiza en un programa informático que construye la optimización del mejor resultado.

Sin embargo, como la función matemática no visualiza otros aspectos, como los socioeconómicos, culturales y los accidentes geográficos, existe un denominado criterio 8 que, cumpliéndose todos los anteriores criterios, logre un escenario con el consenso de la Comisión Nacional de Vigilancia, donde participa el director ejecutivo del Registro Federal de Electorales con las representaciones de los partidos políticos.

Para construir dicho consenso es necesario que desde cada entidad federativa se logre, al interior de las comisiones locales de Vigilancia, que presiden los vocales del Registro Federal de Electores con las representaciones de los partidos políticos.

En Michoacán, el licenciado Jaime Quintero Gómez, vocal del Registro Federal de Electores, quien el 31 de diciembre pasado se retiró del INE, realizó un trabajo excepcional para alcanzar el consenso con las representaciones de los partidos políticos ante la Comisión Local de Vigilancia, a la cual se sumaron representaciones de los partidos políticos ante el Consejo General del Instituto Electoral de Michoacán, así como directivos de dicho instituto y un servidor, en mi calidad de vocal ejecutivo de la Junta Local del INE.

La intención fue buscar la mayor armonía de la distritación federal con la distritación local, que también fue aprobada el año pasado, con el propósito común de facilitar los trabajos de la logística electoral.

Los trabajos se iniciaron con una premisa, debido al crecimiento poblacional; en el estado de Michoacán, al utilizar la media que resultaba de dividir la población del país del último censo (126,014,024) entre 300: 420,046.75, a la población de Michoacán (4,748,846), resultó un cociente de 11.3055, por lo que no alcanzó a mantener los 12 distritos electorales federales, sino sólo 11.

Derivado de lo anterior, surgió una preocupación con la optimización que resultaba del modelo matemático, que el primer escenario planteaba que desapareciera como cabecera Puruándiro, apareciendo un distrito en la zona montañosa de la entidad, y que se tuviera que decidir entre Lázaro Cárdenas y Apatzingán como otra cabecera distrital.

Un distrito en la zona montañosa de la entidad generaba una complicación para establecer una Junta Distrital Ejecutiva, debido a que los municipios que conforman dicha demarcación son muy pequeños.

Así que se logró un primer consenso; todos los partidos políticos no estaban de acuerdo en el primer escenario que se derivó del modelo matemático e inició un trabajo muy importante de construir un escenario de consenso que respetara las reglas.

De manera que, por aproximaciones sucesivas en la negociación, se decidió que la única cabecera distrital que era viable desaparecer de Michoacán era Puruándiro, derivado de que no contaba con Centro de Verificación y Monitoreo que elevara los costos de su traslado.

Pero el trabajo más arduo fue precisamente alcanzar consensos con todos los partidos políticos en la mejor conformación derivada de la disminución de 12 a 11 demarcaciones distritales, con lo cual todos los distritos, con excepción de los dos de Morelia, tuvieron que cambiar su conformación municipal.

El primer efecto partió del distrito 07, que ha integrado la mayor parte de la zona purépecha de la entidad, misma que mantiene, dejando de integrar algunos municipios como Purépero y Tlazazalca al norte, así como Erongarícuaro al sur; con lo cual permite absorber una parte importante de los municipios que antes pertenecían al distrito con cabecera en Puruándiro, como Jiménez, Panindícuaro, Angamacutiro, José Sixto Verduzco, Morelos, Huaniqueo, Chucándiro y el propio Puruándiro.

El distrito electoral federal con cabecera en Ciudad Hidalgo tuvo que correrse hacia el poniente para absorber otro bloque de municipios que antes se relacionaban con Puruándiro como cabecera, de manera que ahora los municipios de Huandacareo, Copándaro, Tarímbaro, Cuitzeo, Sana Ana Maya, Álvaro Obregón, Indaparapeo y Charo, tienen como cabecera a Ciudad Hidalgo. Pero además se agregó a Tizitzio a dicha demarcación territorial, que por cierto tiene una relación muy importante con la parte sur de Charo, en lo que se conoce como Mil Cumbres.

El efecto en cadena continuó, ya que la demarcación distrital federal con cabecera en Zitácuaro tuvo que correrse también al poniente y norte, perdiendo el sur. De manera que municipios que antes estaban con cabecera en Ciudad Hidalgo ahora están con cabecera en Zitácuaro, como Maravatío, Epitacio Huerta, Contepec, Tlalpujahua, Senguio y Áporo.

Los cambios anteriores, y para garantizar el equilibrio poblacional, tuvieron como consecuencia que el distrito con cabecera en Pátzcuaro absorba la región montañosa sur que antes pertenecía a Zitácuaro, como son los municipios de Tiquicheo, Carácuaro, Huetamo y San Lucas. Asimismo, absorbe Erongarícuaro, que antes pertenecía al distrito con cabecera en Zacapu. Pero para compensar pierde Ario, Tingambato, Ziracuaretiro y Taretan.

La demarcación distrital con cabecera en Uruapan, que se mantuvo sólo con este municipio, ahora tiene que absorber 4 municipios; a su oriente a Tingambato, Ziracuaretiro y Taretan, en tanto que al poniente absorbe a Nuevo Parangaricutiro. Por cierto, en este último caso se atiende un reclamo de los pueblos originarios que consideraron injusto que se les adscribiera en la pasada distritación a la cabecera de Apatzingán.

Los dos distritos al sur de la entidad tuvieron cambios menores; la demarcación distrital federal con cabecera en Apatzingán, al perder Nuevo Parangaricutiro, gana Los Reyes, y la demarcación distrital federal con cabecera en Lázaro Cárdenas prácticamente se mantiene igual.

Volviendo a la desaparición de la demarcación territorial con cabecera en Puruándiro, no sólo tuvo efectos en cadena hacia el oriente, también los tuvo hacia el poniente, con el distrito electoral federal con cabecera en Zamora, que agrega a dos municipios que se encontraban adscritos a la cabecera de Zacapu, que son Tlazazalca y Purépero, y uno más adscrito antes a la cabecera de Puruándiro, que es Penjamillo.

Finalmente, la demarcación territorial con cabecera en Jiquilpan sólo tiene el cambio de que se le separa Los Reyes, como ya se explicó, y a cambio se le suma Jacona, precisamente debido a los agregados que tuvo Zamora.

La Comisión Local de Vigilancia de Michoacán recomendó a la Comisión Nacional de Vigilancia mantener en su mayoría los números de los distritos, con el propósito de que no se generara confusión entre los electores, además de las economías que ello significa en términos de impacto en papelería e imagen de las oficinas. De manera que el distrito que desaparece, el 02, utiliza el mismo número que el anterior, 12, es decir, Apatzingán.

Importante también fue el trabajo de la Comisión Local de Vigilancia, que acompañé en su defensa ante el Comité Técnico de Distritación y ante la Comisión Nacional de Vigilancia.

En suma, la distritación federal, como la local, es un ejemplo a nivel internacional de cómo se pueden articular criterios técnicos con necesidades locales, construyendo el consenso de los principales interesados en la demarcación territorial: los partidos políticos. Haberlo hecho de manera mayoritaria, además de que los criterios no lo hubieran permitido, haciendo prevalecer el resultado del modelo matemático, hubiera generado una distritación cuestionable y con sospechas de beneficiar a unos o a otros. Por ello, en materia electoral, es fundamental tener un consenso reforzado, esa es una lección que esperemos los legisladores escuchen.

rmr

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