La crisis profunda de México

La crisis profunda de México

La violencia y todos los flagelos son la manifestación exterior de un mal más grave y profundo que se debe atender primero.

Vista panorámica

Es indispensable que el presidente y su gobierno ponga los pies en la tierra, deje de pensar en sí mismo y resuelva los problemas reales que enfrentamos los mexicanos.

Deben bajar de su realidad, de sus sueños políticos, de sus cifras alegres, de su enajenación. Deben dejar la actitud de negar los problemas sin resolverlos.

No han salido de su enajenación, no han asimilado que ya son el partido en el poder, siguen en su eterna campaña, haciendo mítines. En eso son muy buenos y tienen una gran experiencia. Las muestras son incontables votaciones por la Revocación de mandato, mítines como el soberbio mitin de Toluca. Continúan por palabra Siguen celebraciones triunfalistas, por los aniversarios de su triunfo

La gente humilde que tiene sentido común pregunta cuando van a empezar a gobernar, a ver los problemas, algunos inaplazables y muy graves, miserables servicios médicos y falta de empleos. Es tiempo de que la autoridad proteja la vida de los ciudadanos, ¿por qué permite que sigan los feminicidios y tantos asesinatos, porque no para el derramamiento de sangre?

Siguen arreglando los problemas en la imaginación y en el discurso, narrativa de las autoridades, el Movimiento de la 4T y de sus fanáticos obcecados e incondicionales. Hay una gran brecha que separa la realidad del discurso. El discurso va muy alto, en un mundo etéreo, muy por encima de las vicisitudes y de los sufrimientos de la vida real, de los pobres. ¿Hasta cuándo vamos a vivir en la realidad de los “otros datos”, en el mundo onírico de un ególatra, megalómano, en sus deseos necios que él toma por la realidad?.

Gastan un tiempo interminable y cuantiosos recursos en una información que no es tal sino propaganda, convierten el país en una vecindad de chismes, tanto en la mañanera, la propaganda de Claudia Scheinbaum, Mario Delgado y sus numerosos oradores.

Los asesinatos van en aumento, galopan en el sexenio, igual que los desaparecidos y los ciudadanos estamos sin seguridad. En cualquier momento asesinan, en la ciudad, en pleno día y nadie te protege. Olvidan el primer deber del Ejecutivo: dar protección a los ciudadanos.

Afirman que quieren acabar con la corrupción, se refieren a la corrupción del dinero ¿lo dicen en serio o todo es sólo un eslogan politiquero? Cierran los ojos a otra corrupción más importante y grave: la corrupción del poder. El poder trae el dinero, la gloria, los placeres de las bajas pasiones.

La luz de lo alto

Hay crisis aparentes, como las ramas de los árboles que están a primera vista y crisis profundas como el corazón del tronco y las raíces que se hunden en lo profundo de la tierra.

Las crisis superficiales son los que primero aparecen a la vista: la inflación, la inseguridad, la falta de dinero por el desempleo, la fuga de empresas etc. etc.

Las crisis profundas se refieren al motor de la vida social, el ser humano que pierde piso que se vuelve contra sus semejantes en los grupos humanos. Es como el descontrol de las células que se vuelven contra las células semejantes en el caso del lupus. Ya afirmaba el filósofo Thomas Hobbes: homo homini lupus, el hombre es un lobo para el hombre.

Si perdemos la razón y ya no somos homo sapiens, vamos sin control y sin rumbo, hacia el caos, los choques mutuos y la destrucción de la República.

Pero si conservamos aparentemente el uso de razón y no estamos en el manicomio, hay muchas otras maneras de perder el sentido: el sentido lógico cuando el individuo ya no piensa como los demás, según las leyes inscritas en el alma de la lógica que han expuesto los grandes maestros en humanidad, como Aristóteles, sino que se ubica sobre las leyes de la lógica y quieren crear su propia lógica, una manera de razonar conforme a su propio capricho y conveniencia. El individuo pretende tener “otros datos”, otras conclusiones impuestas por su autoridad.

Se puede perder el sentido de la capacidad personal de pensar. El hombre es una criatura que vive bajo la ley de la lógica humana, con sus alcances y limitaciones. No es Dios que establece el orden del universo y nombra todas las cosas.

Se puede perder el sentido de la autoridad y grandeza del individuo como una criatura del universo creado, como un individuo de la especie humana, inmerso en el orden creado por un ser superior, infinitamente más grande. El hombre no es Dios con poderes infinitos y creadores, se mueve en la esfera limitada y compacta de la criatura. Cuando pretende elevarse sobre sus limitaciones cae en la enajenación y olvida que no puede cambiar el mundo de la creación y de los hombres, no puede cambiar la economía y la pandemia con declaraciones y por decreto.

La gran necesidad de México no es la Transformación sino la salud mental, lógica y moral, el equilibrio y lucidez de los ciudadanos. ¡Hay que sanar por palabra tener mental y físicamente al hombre!

Hay que reestructurar la persona humana, volverla a su identidad natural a sus cualidades innatas, paz, equilibrio y armonía, para su ejercicio natural.

Hay que sanar su cuerpo y su espíritu para que realice sus capacidades, y el poder de crear una sociedad sana y armoniosa y alcanzar el destino definitivo que le fijó el Creador.

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