La apuesta a la desmemoria

La apuesta a la desmemoria

La sucesión presidencial se acelera a pasos agigantados y ya soplan los vientos que hacen que la hoguera de las vanidades y las ambiciones se caldee entre las filas opositoras a la Cuarta Transformación. Tambaleante es aún la coalición de PAN, PRI y PRD, pero sus aspirantes presidenciales ya se encuentran arengando conciencias ciudadanas, cada uno matando sus pulgas a su modo.

Uno de los recientemente sumados a la lista de pretensos candidatos es el exgobernador michoacano Silvano Aureoles. Ya se le ve en reuniones con líderes empresariales, conversando vía telefónica con la alcaldesa de Coalcomán, en encuentros privados con dirigentes de su partido, o bien ya de plano en mítines políticos en lugares tan distantes como Sinaloa o Veracruz.

La trayectoria política de Aureoles Conejo fue meteórica, dejando en el camino de sus ascensos la huella de no haber concluido ninguno de sus encargos para los que ha sido electo, casi 25 años; siempre buscando el siguiente puesto como escalafón para uno posterior. La frivolidad y la opacidad fueron las marcas que colocó en cada uno de los espacios públicos que ocupó.

La crisis en la que dejó inmersa a la entidad es de tal magnitud que está resultando complicado para la administración estatal encabezada por Alfredo Ramírez Bedolla, comenzar a enderezar un barco prácticamente hundido. Violencia, ausencia de las instituciones en franjas enteras del territorio michoacano, opacidad, deuda pública, derroche y dispendio de recursos; son palabras que retratan la administración silvanista que apenas concluyó hace un año.

Cada huerta abandonada, cada campesino sin trabajo, cada promesa incumplida, cada hospital destrozado, cada carretera derruida, cada madre llorando a su hijo desaparecido, cada niño que al nacer lo hace endeudado; son las estampas que dejó para la posteridad el silvanismo para Michoacán.

En Culiacán o en Poza Rica, sin que los ecos de estas lamentables desgracias resuenen; Aureoles Conejo apuesta a la desmemoria, al olvido, al frio que imponen las distancias. La caradura y la insolencia son el abono de un proyecto político personalísimo del que él mismo, seguramente, está consciente de que nace muerto, pero lo alienta para colocar su aspiración en la mesa de la transacción política.

Apostar a la amnesia colectiva es el sello de la casa de Silvano Aureoles y la mística que ha impreso a su escuela de encumbrados políticos, muchos de los cuales deambulan aún como esperpentos entre las burocracias. Pero la memoria del pueblo es cada día mas fuerte e infranqueable y les colocará en su lugar dentro de la Historia.

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