

Pocos años antes de fallecer Jürgen Habermas, Stefan Müller-Doohm le solicitó autorización para escribir una biografía sobre él. Habermas inicialmente vaciló sobre sí otorgar o no la autorización, pero al final accedió.
La biografía sobre Habermas -uno de los filósofos más importantes del siglo XX y de los primeros años del siglo XXI- se publicó en lengua española en 2020 -antes se publicó la obra original en alemán- alcanzando unas 700 páginas.
La biografía, como lo dice el biógrafo, deja fuera los aspectos íntimos y datos de la vida privada, no trascendentes para explicar la vida intelectual de Jürgen.
La riqueza de Habermas está en su intelecto, más que en la vida estrictamente personal, la que tiene un valor superior solo para sus cercanos.
No es gratuito hablar de que la biografía aborda la vida intelectual de Jürgen Habermas solo por lo dicho, sino porque a Habermas no se le puede encasillar bajo una etiqueta de filósofo o científico social, caso en el cual, sus reflexiones solo estarían orientadas al campo de la filosofía o al área social o a un enfoque de una u otra.
Jürgen, más bien, desbordó los límites de su disciplina formativa de origen: la filosofía, y se extendió al entendimiento de la vida en toda su amplitud.
Por eso en el índice de su producción intelectual, lo mismo se pueden encontrar escritos sobre el conocimiento, la religión, la política, la migración, la tecnocracia, Marx, Nietzsche, la democracia o el derecho, por solo mencionar algunos contenidos.
No sobra decir que, desde su trinchera intelectual, Habermas también fue un intelectual combatiente.
Y así ocurrió a lo largo de su vida, que no fue pacífica, sino de constantes diatribas de pensamiento práctico.
Esto se puede observar en que esas disputas lo mismo lo llevaron a llegar que a retirarse del Instituto Max Planck del que fue director, el cual en su concepto debía tener un objeto y orientación académica específicas, que fue rebatida.
Si la biografía realizada por Stefan eventualmente ha sido cuestionada por no emprender una reflexión sistemática y crítica en torno al pensamiento de Habermas, pese a su gran extensión, se podrá comprender que, en esta columna breve, lo que se pueda decir es ínfimo.
Pero, con eso y todo, se debe aventurar la propuesta de presentar en forma muy resumida algunas, que quien escribe, entiende como sus ideas.
En esas condiciones se puede decir que Habermas de manera progresiva construyó la idea de una democracia procedimental discursiva sujeta a la condición de que suceda en un contexto de libertad o emancipación argumentativa de todos los partícipes.
Con lo que se quiere decir que si las personas, tanto en los espacios institucionales, como en los ciudadanos, expresan su voluntad para resolver asuntos del interés de la colectividad, abonan razones, y llegan a adoptar, por las razones de más peso, las soluciones a esos problemas, por consenso, esa será una solución correcta, no porque lo resuelto en sí sea “lo correcto”, sino porque se decidió ajustándose a un procedimiento en el que las personas se pudieron manifestar libremente, en una “competencia de razones”, triunfando las mejores para llegar a la “mejor solución” posible.
Un valor secuencial de la concepción de la democracia procedimental discursiva o deliberativa al modo de Habermas, se encuentra en la legitimidad, esto es, en que las decisiones se vuelven aceptables por adoptarse mediante aquel procedimiento.
La idea de ese procedimiento es muy valiosa, porque en él se podría resolver legítimamente, por caso, cómo regular el aborto, la eutanasia o muchas otras cuestiones complejas.
El grave problema de las “democracias” de nuestro tiempo es que las decisiones de gobierno no se adoptan de esa manera: baste recordar muchas de las decisiones, por ejemplo, de Trump en su primer o segundo mandato presidencial en curso; o la tensión de Estados Unidos de América y China por Taiwan; o la guerra Ruso-Ucraniana.
Claro, los escritos de Habermas no son fáciles de entender, de hecho, como anécdota se comentará, y disculpe por el uso de primera persona, que cuando realizaba mi tesis de doctorado, en la que cité a Habermas muchas veces, mi tutor de tesis, un destacado filósofo español, me pidió que le explicara lo que Habermas quería decir, porque para él no era fácil comprender en lo que escribía Jürgen.
Supongo entonces que, si para mi tutor de tesis era arduo asimilar a Habermas, entonces para Trump, ha de resultar mucho más difícil de entender.
Jürgen Habermas murió en marzo de 2026. Descanse en paz.
BCT