Acá Entre Nos por Jaime Arturo Vázquez Aguilar
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Hay que darle valor al campo

El crecimiento mundial de la población, el cambio climático, los hábitos de consumo y las características socioeconómicasde los países plantean grandes desafíos para garantizar el abastecimiento de alimentos en el orbe. 

Desde esta perspectiva, la seguridad alimentaria se ha convertido en uno de los pilares de la política pública demuchas economías emergentes y desarrolladas. Sin embargo, transformar las actividades involucradas en la producción, procesamiento, transporte, consumo y gestión de alimentos no es una tarea fácil; se requieren programas de inversión, capacitación, tecnificación, transferencia tecnológica, incluso rescatar los conocimientos y prácticas ancestrales de los agricultores para vincularlos al desarrollo. 

El sistema alimentario es crucial para el crecimiento económico y la reducción de la pobreza, aporta alrededor del 12% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial y genera el 40% de los empleos. De allí la trascendencia de la agroindustria, una actividad económica que añade valor agregado a la agricultura, la ganadería, la pesca y el sector forestal, sobre todo, permite que la producción del campo se pueda procesar, almacenar, conservar y distribuir para acercar alimentos a la población que vive principalmente en las ciudades.

La agroindustria desempeña un papel vital en la producción de alimentos; en esa medida, países como Brasil, Colombia, India, China, o la misma Unión Europea, le apuestan a esta actividad económica como parte de su política industrial y agropecuaria para el desarrollo de sus economías.

México tiene una gran oportunidad. El crecimiento registrado por el sector agroalimentario ha permitido posicionar a nuestro país en el décimo lugar a nivel mundial y el tercero en América Latina, por debajo de Estados Unidos y Brasil, y este año se podría ubicar en la posición 9 en la producción de alimentos, según un informe publicado por el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas.

De acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, México es uno de los líderes mundiales en producción de aguacate, espárrago, guayaba, frambuesa, zarzamora, limón, mango y chile verde.

Nuestro país cuenta con productos agrícolas altamente valorados, sobre todo, en Estados Unidos, China, Japón y en la Unión Europea. En este sentido, el impulso de la agroindustria abre un abanico de oportunidades para la diversificación productiva, la inclusión social y el cambio climático, porque no solo genera empleos y contribuye al PIB, sino también es la base de la economía de varias entidades federativas y regiones del país. 

La industria alimentaria mexicana es la segunda actividad económica en términos de valor agregado bruto y se ubica por debajo de la industria automotriz. Tan solo en 2023, las ventas al extranjero de productos agroalimentarios alcanzaron los 51,874 millones de dólares (mdd), un aumento del 3.9% en comparación con 2022. Los productos que representaron el mayor valor fueron la cerveza (6 mil 163 mdd); el tequila y mezcal (4 mil 429 mdd); el aguacate (3 mil 030 mdd); eljitomate (2 mil 724 mdd) y los productos de panadería (2 mil 642 mdd), que en conjunto concentraron el 36% del total de las exportaciones agropecuarias.

La FAO destaca que el desarrollo de agroindustrias competitivas es crucial para generar oportunidades de empleo e ingresos, además de que contribuye a mejorar la calidad de los productos agrícolas. En el mismo sentido, el Banco Interamericano de Desarrollo, apunta que el sector agropecuario favorece, en gran medida, la creación de empleo y la diversificación de exportaciones. Bajo este contexto, resalta que las agroindustrias impactan en el desarrollo al promover el crecimiento económico y reducir la pobreza.

En México, 30 entidades federativas cuentan con ventajas competitivas para incentivar la creación de polos de desarrollo regionales a través de parques agroindustriales y agronegocios, de acuerdo con un estudio realizado por elInstituto Belisario Domínguez del Senado de la República. Sin duda, representa una oportunidad de inversión tanto para organizaciones de campesinos como para pequeñas y medianas empresas, de allí la trascendencia de incluir a esta actividad económica en un eje medular de la política industrial nacional e impulsar acciones para que nuestro campo sea más productivo y se convierta en una plataforma de desarrollo social y económico del país.

rmr

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