Elvira y José. Relato de la tragedia inconclusa

¿Quién es Elvira? Elvira es una mujer casi treinta añera con dificultades para comunicarse oral y corporalmente, con problemas también para relacionarse socialmente y tener un trabajo formal, así como padece de una baja capacidad para conocer y entender, de resolver problemas, entre otros aspectos; Elvira es, pues, una mujer adulta con deficiencia mental.

Elvira, como tantas otras personas en su situación que pasan inobservadas por el grueso de la gente, vive en Morelia; pero no siempre vivió aquí.

Elvira nació y creció hasta la adolescencia en la tierra caliente de Michoacán, y por sus condiciones, sus padres la veían (ofrezco una disculpa por la expresión) como un "algo" al grado que Elvira dormía en el chiquero con los puercos.

Una anciana, familiar de los padres de Elvira, al ver la situación de la menor les pidió a sus padres que le permitieran traerla a Morelia, con el fin no expreso de rescatarla del maltrato. Sobra decir que los padres de la adolescente, en ese entonces de 15 años, accedieron con gusto a que Elvira vinera a Morelia con el fin de que se convirtiera en una especie de ayudante doméstica de la anciana y es de suponer, para quitarse una carga económica.

Para Elvira, vivir en Morelia, dormir en una cama, vestirse, asearse y tratar de interrelacionarse con las demás personas, significó un cambio para mejorar, después de vivir con los puercos en un chiquero.

La adolescente que llegó de la tierra caliente a Morelia, al paso de los años se convirtió biológicamente en una mujer adulta y a los 25 años conoció a un joven, José, que trabaja en los cruceros, como trabajan cientos de personas.

José sin tener la severidad de los problemas de Elvira, también tenía una situación parecida, así que quizá esto, no lo sé, fue lo que aproximó más a Elvira y a José.

Tener una deficiencia mental no es un obstáculo para querer o para amar, de hecho, quizá propiciaría un amor "más libre" y con menos "prejuicios" o "intereses".

Elvira y José comenzaron su relación sin que nadie lo supiera, tal vez por el temor a ser "castigados" pero hay cosas que no pueden ocultarse y una de ellas es el amor, así que, al final la anciana que había apoyado a Elvira y la familia de la anciana se dieron cuenta del idilio entre Elvira y José. Todos y todas opinaban sobre la relación entre Elvira y José, con una visión más o menos uniforme: Elvira y José no pueden ni deben formar una familia, mucho menos tener hijos.

La desaprobación de la anciana que ayudó a Elvira y la negativa de la familia de la anciana, se la hicieron saber a Elvira una, dos, tres, muchas veces y Elvira se sentía confundida, hasta que un día por la presión solo encontró como salida gritar y gritar: "quiero ser feliz, merezco ser feliz" entendiendo que ser feliz era vivir con José.

La anciana y su familia, movidos por ese grito sincero que nació del corazón de Elvira, pudieron entender que el amor es algo que no tiene en cuenta las capacidades intelectuales, pero también que todo mundo tiene derecho a ser amado y también a amar, por eso, al final "admitieron" la relación entre Elvira y José y al paso del tiempo, por necesidad, les brindaron un techo, hablaron lo mejor que pudieron con ellos, para hacerles comprender el significado de vivir juntos y formar una familia.

Elvira y José comenzaron a vivir juntos y como es de suponer al poco tiempo Elvira quedó embarazada de José.

El embarazo transcurrió sin muchas complicaciones, gracias al apoyo de la anciana y de la familia de la anciana, siempre al pendiente de las citas, estudios y demás cosas que debía realizar Elvira.

A los nueve meses, la hija de Elvira y José nació, una niña completamente sana, sin deficiencia alguna.

Lo que supone una dicha para todo mundo, como el nacimiento de una hija, en el caso de Elvira y de José, presentó una preocupación constante para la anciana y toda su familia, porque Elvira no sabía cómo atender a su hija de nombre Gina, no sabía alimentarla, no sabía atender su higiene, no sabía estar al cuidado de sus medicamentos, no sabía cómo estimularla, en fin, fue complicado.

Por otro lado, Elvira y José no tenían en muchos casos recursos económicos, ni siquiera para comer, y la familia de la anciana, mal que bien, en esos casos ayudó como pudo y las instituciones públicas de salud, en verdad, hicieron un trabajo razonable.

Gina creció, cumplió su primer año, su segundo año y su tercer año, en el seno de una familia de padres como Elvira y José, ayudados por la anciana y la familia de la anciana, los cuales se convirtieron en benefactores constantes y que solo por ello merecen el reconocimiento general.

Pero Gina, un día funesto, al no tener una vigilancia adecuada de sus padres, se cayó de los escalones del inmueble modesto habitado por Elvira y José y se golpeó la base del cráneo. Gina murió y sus padres quedaron desconsolados, pues para sufrir tampoco es necesario poseer una inteligencia determinada.

Gina fue un ángel hermoso con una vida breve y que debió tener una oportunidad de ser feliz mayor a la que tuvo.

En el aire quedan muchas preguntas, sobre el derecho de las personas con discapacidad, el derecho de menores y su actuación, el papel del estado en situaciones como la presentada, sobre la ética, el amor, la tristeza y la tragedia, que seguro aún no termina.

Quisiera que lo escrito fuera fruto de la imaginación, lamentablemente no fue así, ha sido real, ocurrió hace poco y hace poco supe del caso que he relatado, cambiando nombres, lugares y datos concretos.

Mi única voz es por Gina, ese ángel hermoso que no pudo vivir más, por sus padres tristes y por aquellos y aquellas que pudieron brindarles un apoyo. Mis respetos.
urielpr@gmail.com

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