Acá Entre Nos por Jaime Arturo Vázquez Aguilar
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Electromovilidad: oportunidades y desafíos

La transición hacia una movilidad sostenible y amigable con el medio ambiente es uno de los temas que más se han impulsado en varios países del orbe. No es una cuestión menor, el uso de combustibles fósiles que se utiliza para transportar personas y mercancías son una las principales fuentes de emisiones de efecto invernadero, pues representan alrededor de un 23% de CO2.

Ante este escenario, el auto eléctrico se ha convertido en una alternativa. Los gobiernos del mundo se han planteado metas ambiciosas para la producción de automóviles más amigables con el medio ambiente. Por ejemplo, el Parlamento Europeo aprobó que, a partir de 2035 no se podrán vender turismos o furgonetas nuevos equipados con motor de combustión, Estados Unidos plantea que dos terceras partes (67%) de la venta de vehículos comerciales ligeros fueran totalmente eléctricos en 2032.

La transición hacia la electromovilidad está en marcha. Las ventas globales de vehículos eléctricos han crecido de manera exponencial, actualmente uno de cada cinco autos nuevos que se venden en el mundo son eléctricos. Tan solo el año pasado se comercializaron más de 14 millones.

La industria de vehículos eléctricos no solamente trae mejoras en el transporte y beneficios al medio ambiente, también se perfila como un sector con gran potencial para generar empleo y oportunidades económicas en varios países del mundo. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), América Latina puede destacar en el primer eslabón de la cadena de electromovilidad, principalmente con la extracción de minerales, donde tiene una participación significativa del mercado. Por ejemplo, en litio, destacan Chile (30%), Argentina (5%) y Brasil (2%); y en cobre, Chile (15%), Perú (5%) y México (3%).

En México, el panorama es alentador, sobre todo, porque la industria automotriz es una de las más importantes de la economía nacional. Representa el 4.7% del Producto Interno Bruto (PIB) y poco más del 20% PIB manufacturero; 30% del total de las exportaciones; genera cerca de un millón de empleos directos y 3.5 millones indirectos; además, el país se ha consolidado como el 4º exportador de vehículos y el 7º productor a nivel mundial; sin duda, hay una base sólida para la producción y venta de vehículos eléctricos.

El mercado mexicano se ha consolidado como el más grande de América Latina, tan solo en 2023 se comercializaron 73,680 unidades entre vehículos eléctricos, híbridos enchufables o híbridos convencionales.

La electromovilidad puede convertirse en un motor económico para México. El año pasado la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) dio a conocer las “Recomendaciones para una política nacional de electromovilidad” en donde destaca que es necesario fortalecer el marco legal para apoyar plenamente la transición hacia la electromovilidad, precisa que los incentivos y el financiamiento aún es limitado. En cuanto a manufactura de vehículos híbridos y eléctricos, señala que el marco regulatorio debiera incluir esquemas de promoción e incentivos a las empresas que quieren invertir en nuevas plantas de producción o en la reconversión de sus instalaciones.

El BID también recomienda que las estrategias de movilidad en la región latinoamericana consideren al menos 5 aspectos: 1) incorporar políticas de fomento a la producción regional de autos eléctricos; 2) utilizar la política comercial como plataforma para promover la libre circulación de insumos de calidad, sin trabas y a precios competitivos; 3) incentivar la demanda en una etapa inicial; 4) mejorar la infraestructura para carga; y 5) establecer un programa de gestión y reciclaje de baterías y otros materiales al final de la vida útil del vehículo.

Estamos en la antesala de un cambio de paradigma en la industria automotriz. Sin duda, en México hay avances importantes, pero el país requiere una estrategia conjunta, que involucre a los tres niveles de gobierno, a las instituciones de educación media superior y educación superior y, por supuesto, a la industria nacional. Tenemos las condiciones para aprovechar las ventajas competitivas de la electromovilidad en todos los eslabones de la cadena de valor (materias primas, transformación, fabricación, comercialización y el servicio de posventa), para atraer nuevas inversiones, detonar beneficios ambientales, oportunidades de empleo e impulsar el desarrollo económico regional del siglo XXI.

rmr

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