El gobernante que no maduró

El gobernante que no maduró

¿Cómo es posible que el presidente esté destruyendo tanto, haciendo tanto mal, peleando con todo mundo, desobedeciendo a la Constitución, al pueblo de México, como un chavo vago y rebelde, jefe de una pandilla de barrio?

Ofende, miente, se encapricha, malgasta en sus juguetes. Juzga a la ligera, descalifica. Se porta mal y no ve sus errores. Es malcriado, levanta falsos, peleonero, no hace la tarea, hace mucho desorden en casa. hace barbaridades y lo niega, le echa la culpa al tiempo pasado y a los demás.

Y no hay quien lo corrija, le consienten todo. Nunca nadie le dice nada. Es la impunidad total.

La gestión de la cosa pública, la forma de gobernar no es la de un hombre adulto, maduro, de un primer mandatario y de un estadista, del hombre más virtuoso de México. Se antoja un adolescente, rebelde y vago, no maduro para su edad sino rijoso, altanero, creído, prepotente, bravucón, orgulloso.

Crea un ambiente de tensión y odio. No reconoce sus faltas ni pide disculpa y nos deja de juzgar y condenar a todos los que no son incondicionales, el conservadurismo, los neoliberales, sus adversarios a quien le echa la culpa de todos los daños que se han hecho a México.

Es cerrado y necio. No escucha, nunca cede ni negocia.

El mundo que crea está en desorden, es, inestable, con muchos problemas que no resuelve.

Busca que lo adoren, tiene un problema de egolatría. Crea el caos, la inestabilidad, efervescencia, desórdenes, inseguridad, desamparo de las personas, agitación, impunidad.

Las cosas deben ser como él dice, no acepta errores ni prevé las consecuencias funestas.

Es narcisista, creído, vanidoso. No ve sus errores, cree que todo lo hace bien y que con su varita mágica o con su palabra de poderes divinos pone en orden el mundo. Por supuesto, su palabra no crea nada.

Descalifica a medio mundo. Siente que todo lo hace bien, que tiene poderes divinos y con su palabra pone en orden todas las cosas y crea un mundo nuevo.

Cree que vive en el mejor de los mundos posibles y que es el presidente más popular del mundo.

Llama la atención como no hay sobre la tierra una autoridad moral o política que lo haga entrar en razón. Nadie está sobre él, ni el Papa, ni Dios a quien utiliza para sus propósitos. A los intelectuales y los que no piensan como él descalifica y desprecia. De sus cuates nadie se atreve a chistarle.

La luz de lo alto

Somos seres humanos dotados de inteligencia, de sentido crítico que nos permite valorar a las personas para distinguir a quienes quieren nuestro bien y a quienes nos engañan y utilizan.

No podemos creer ingenuamente a todititas las personas, a las que hablen bonito, que se muestran muy buenas, necesitamos pasarlas por el cedazo de nuestro juicio.

Esto se aplica a los políticos, antes de obedecerlos y darle lo nuestro: confianza, voto debemos conocernos, pasarlos por el crisol de nuestro juicio, valorarlos y si dicen la verdad y son honestos buscando nuestro bien, darles nuestra confianza.

El presidente con todos los rasgos que hemos señalado parece un chico adolescente. Se instaló en la adolescencia por razones que se pueden desentrañar y aclarar. Su cuerpo creció, pero no las facultades de su alma. No maduró en los conocimientos, ni en las virtudes, no llegó a la plenitud de la persona con todas las virtudes de una persona adulta. No alcanzo esa madurez de quien controla sus instintos y sus fantasías y adquiere la sabiduría y la capacidad de amar, es decir de vivir para los demás dándoles lo mejor de sí mismo: comprensión, apoyo, perdón. La persona madura piensa en los demás y los entiende y disculpa, perdona y les da lo mejor de sí misma.

La adolescencia, esta etapa rica, tormentosa, como un huracán que arrasa con todo y da lugar a vida nueva es una etapa decisiva de la vida humana. Hace décadas que llama la atención y ha entrado en una crisis tremenda, radical, total. Es una edad crucial en la vida de los seres humanos, en su desarrollo físico y del alma y ha entrado en crisis. Esta se manifiesta en la adolescencia que es como un huracán, que parece tener fuerza devastadora, que transforma la persona de chicos y chicas que debe pasar a su debido tiempo.

El fenómeno adolescente que se debe a cambios hormonales, está sufriendo modificaciones, influyen los múltiples factores socio culturales, psicosociales. Hay algunos nuevos que transforman todas las manifestaciones de la vida del hombre. Por las hormonas del crecimiento y de la gordura que van con los alimentos, la adolescencia físicamente se presenta más temprano.

Por influencias psicosociales, familiares y educacionales esta edad se aferra y tarda demasiados años en pasar. Hay personas que, hacia los 30 años, hay otras que a los 70 tienen muchas manifestaciones de adolescente. Fíjate bien y encontrarás muchas de estas manifestaciones.

Nuestro personaje se instaló allí, en la adolescencia, no maduro. Un adolescente no es capaz de responsabilidades más grandes que él. En la presidencia se necesita una persona madura, en la plena posesión de sus facultades, con una formación moral e intelectual, responsable y poseedora de la ciencia, la sabiduría y las grandes actitudes que hacen a los estadistas y presidentes que hacen un bien trascendente a la patria.

Debemos entender esta realidad en el caso del presidente y buscar sabiamente la solución para tener el presidente maduro que necesitamos, más allá de la narrativa y de las ambiciones de poder dictatorial y de movimientos facciosos.

rmr

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