Algoritmos en las elecciones
Quizá, en un lugar recóndito de la memoria de quienes ya contamos con más de 4 décadas, pudiera recordarse que, en el siglo pasado, uno de los diversos reclamos sobre la organización de las elecciones tenía que ver con el algoritmo.
Como sucede respecto a estas expresiones que no forman parte del lenguaje cotidiano, luego suelen utilizarse como banderas políticas para criticar algo, por lo regular sin mucho fundamento.
La inteligencia artificial de Google nos dice que: “Un algoritmo es una secuencia ordenada, finita y bien definida de instrucciones o reglas lógicas que permiten solucionar un problema, realizar un cálculo o desarrollar una tarea específica. Actúa como una serie de pasos secuenciales que transforman una entrada (input) en un resultado (output), siendo la base fundamental de la programación informática y la automatización.”
Así, las reglas del sorteo para disponer de un universo de personas que integren las mesas directivas de casilla representan un algoritmo que en el siglo pasado fue polémico, hasta que llegó el segundo sorteo o insaculación y todos los controles que existen para dichos efectos.
O bien, se llegó a hablar en la discusión pública de algoritmos para los resultados del Programa de Resultados Electorales Preliminares, cuando lo que existe son condiciones de distancia, comunicaciones o de discusiones dentro de casillas que demoran que el resultado sea subido al sistema.
Pero lo que se avecina en el mundo electoral, incluyendo las campañas, es la proliferación de algoritmos que posibilitan la presencia de la inteligencia artificial en las elecciones. Tema, por cierto, ausente de la discusión de la reforma electoral.
Pese a ello, el INE ha dado pasos para regular el uso de la inteligencia artificial, a través del Acuerdo de la Junta General Ejecutiva por el que se aprobaron los Lineamientos y Principios para el Desarrollo Estratégico y Uso Regulado de la Inteligencia Artificial en el Instituto Nacional Electoral.
Entre lo destacable de dichos lineamientos se encuentra como principio rector: la imparcialidad algorítmica, que se define en términos de que “Los algoritmos deben diseñarse y auditarse para prevenir sesgos y asegurar un trato igualitario a todos los sujetos, sin preferencias, exclusiones ni discriminación.”
También destaca otro principio, que es el de máxima publicidad y transparencia algorítmica, que se define en los términos siguientes: “La ciudadanía tiene derecho a conocer el funcionamiento general de los sistemas de inteligencia artificial utilizados por el Instituto. Esto implica documentar, comunicar y, cuando sea posible, explicar las decisiones automatizadas o asistidas por inteligencia artificial. La inteligencia artificial institucional debe ser diseñada y operada de manera que sus procesos de decisiones y resultados sean comprensibles, auditables y explicables en la medida de lo posible, especialmente aquellos que impacten directamente en la información electoral o participación ciudadana.”
Un principio que también es relevante es el de la “supervisión humana significativa”, que implica que: “Incluso los sistemas más autónomos deben incorporar formas de intervención humana significativa. Esto asegura que decisiones importantes no queden exclusivamente en manos de algoritmos, y que los humanos mantengan la capacidad de observar, corregir o detener el funcionamiento del sistema cuando sea necesario.”
Los sistemas de inteligencia artificial se encuentran más cercanos a nosotros de lo que imaginamos, desde los motores de búsqueda como Google, hasta aplicaciones como Alexa o Siri; o aplicaciones de compra como Temu, Amazon o Mercado Libre, o bien, los pilotos automáticos de vehículos de alta gama. Adicionalmente, a otros muchos que se han desarrollado con alta potencialidad como ChatGPT, Jasper AI, DeepSeek o Gemini.
En materia electoral, en los Estados Unidos y Brasil se ha utilizado la inteligencia artificial para detectar campañas de desinformación, identificar deepfakes y prevenir la manipulación del discurso político.
En el año de 2025, en Argentina, el Juzgado Electoral de la Provincia de Buenos Aires la utilizó para reubicar a cientos de miles de votantes, analizando datos geográficos y de concurrencia para optimizar la distribución de los centros de votación.
La proliferación de algoritmos mediante aplicaciones requiere estudiar con precisión el fenómeno y sus posibles implicaciones en el mundo político-electoral. Retos a futuro.
rmr

