Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- El descanso, la convivencia y la sensación de alivio que acompañan a las fiestas decembrinas quedaron atrás. Con el arranque de enero, millones de mexicanos regresan a una rutina que no siempre se vive como un nuevo comienzo, sino como un golpe seco de realidad: deudas acumuladas, agotamiento emocional, presión laboral y el retorno a un ritmo de vida que, para muchos, dejó de ser satisfactorio.
En ese contexto, emociones que suelen minimizarse como “flojera”, “falta de actitud” o simple desánimo pueden ser, en realidad, el primer aviso de un trastorno más profundo. Especialistas en salud mental coinciden en que enero se ha convertido en un detonante de cuadros depresivos, particularmente entre personas con predisposición emocional.
No es casualidad que el 13 de enero se conmemore el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, una fecha que busca visibilizar este trastorno, reducir el estigma y recordar que la depresión no es tristeza pasajera, sino una enfermedad que afecta a millones de personas en todo el mundo.
De acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud del Gobierno de México, cerca de 3.6 millones de adultos padecen depresión en el país. A escala global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 280 millones de personas viven con este trastorno, el cual afecta con mayor frecuencia a mujeres, aunque también se presenta en jóvenes y adultos mayores.
Especialistas coinciden en que la depresión puede presentarse en cualquier etapa de la vida y estar relacionada con factores sociales, psicológicos y biológicos. Por ello, subrayan la importancia de la prevención, la detección temprana y la búsqueda de ayuda profesional.
Expresar los sentimientos
Apoyarse en familiares y amigos
Hacer ejercicio regularmente
Establecer rutinas diarias y objetivos alcanzables
Practicar actividades placenteras
Positivizar pensamientos y fortalecer la autoestima
Aprender técnicas de relajación
Evitar la automedicación
Tristeza persistente, ganas de llorar o sensación de vacío
Irritabilidad o arrebatos de enojo
Pérdida de interés en actividades cotidianas
Alteraciones del sueño
Cansancio constante
Cambios en el apetito y el peso
Sentimientos de culpa o inutilidad
Dificultad para pensar o concentrarse
Pensamientos recurrentes sobre la muerte o ideas suicidas
RPO