13 millones de mexicanos podrían padecer enfermedad renal crónica Pixabay
Salud

Bebidas azucaradas: el camino silencioso a la insuficiencia renal

México consume 166 litros de bebidas azucaradas por persona al año

MiMorelia.com

Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- El consumo elevado y constante de bebidas azucaradas no solo ha empujado la epidemia de diabetes, sino que hoy está detrás de una de sus consecuencias más devastadoras y silenciosas: la enfermedad renal crónica, un padecimiento que avanza sin avisar y que amenaza con colapsar vidas, familias y al sistema de salud.

De acuerdo con El Poder del Consumidor, México es uno de los mayores consumidores de bebidas azucaradas en el mundo, con 166 litros por persona al año, una cifra que explica, en parte, por qué la diabetes se ha convertido en una emergencia nacional.

Académicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) advierten que casi 12% de la población mexicana, alrededor de 13 millones de personas, padece enfermedad renal crónica, aunque la cifra real podría ser mayor, debido a que el padecimiento avanza sin síntomas en sus etapas iniciales.

El daño renal suele detectarse cuando ya existen alteraciones en la creatinina en sangre o una presencia anormal de proteínas en la orina. En muchos casos, el origen es una diabetes mal controlada.

Cuando el daño es irreversible, el tratamiento se vuelve una carrera contra el tiempo: diálisis, hemodiálisis o trasplante renal. Son terapias que prolongan la vida, pero también la transforman, con un impacto profundo en la calidad de vida de los pacientes y en las finanzas públicas.

Investigaciones del Instituto Nacional de Salud Pública coinciden en que el alto consumo de bebidas azucaradas ha contribuido de manera decisiva al aumento de la diabetes tipo 2, que se duplicó en las últimas décadas, al igual que las enfermedades cardiovasculares asociadas a dietas ricas en azúcares.

Frente a este panorama, las especialistas insisten en que la tragedia no es inevitable. El control de la glucosa, una alimentación adecuada, el manejo de la presión arterial, la actividad física y la detección temprana pueden reducir de manera significativa el riesgo de daño renal. Beber agua simple, evitar la automedicación y realizar estudios médicos periódicos son acciones básicas, pero decisivas.

RPO

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