Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- Bajo el sol, entre polvo, varillas y montones de escombro, Guadalupe y América demuestran todos los días que la fuerza no tiene género. Sus manos, acostumbradas al peso de las cubetas y al ritmo acelerado de la obra, también sostienen historias de lucha, independencia y esperanza.
Guadalupe lleva dos años dedicándose a este oficio. Dice que no fue fácil abrirse camino en un ambiente donde predominan los hombres, pero encontró en la construcción una oportunidad para mantenerse por sí misma y salir adelante de forma independiente.
“Es pesado, sí, pero también es un trabajo que deja más y me ha ayudado mucho”, comparte mientras acomoda material en la obra.
A unos metros está América, quien apenas suma dos meses en este trabajo. Aunque todavía se adapta al ritmo físico que exige la jornada, asegura que el esfuerzo vale la pena. Madre de una niña de apenas dos años, encontró en la construcción una alternativa para darle estabilidad a su pequeña.
Cada cubeta que carga representa algo más que escombro: son gastos cubiertos, alimento en casa y la posibilidad de ofrecerle un mejor futuro a su hija.
RPO