NAOMI CARMONA
Morelia

8M en Morelia: la marcha que cada año deja nuevas capas de memoria y lucha

Naomi Carmona

Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- Cada año, el centro histórico de Morelia suma una nueva capa de memoria: unas quedan plasmadas en la cantera con carteles de búsqueda pegados, otras en los muros pintados y algunas más en el cielo, en los nombres que se gritan durante la marcha. Este 8M no fue la excepción.

Los negocios sobre la avenida Madero se adelantan a las manifestantes y blindan puertas y ventanas con madera; algunas bardas aparecen cubiertas con láminas metálicas. La cantera del centro espera otra tarde de consignas, tambores y nombres de las que ya no están.

Al filo de las cinco de la tarde comenzó a avanzar el contingente separatista, encabezado por mujeres sordas y un grupo de músicas que marcaban el ritmo de la marcha. Detrás venían madres con sus hijas e hijos tomados de la mano. Más atrás caminaban quienes cargaban las ausencias: madres, hermanas y primas de víctimas de feminicidio y de mujeres desaparecidas.

El bloque negro avanzaba al final de la marcha. A su paso, los muros del centro histórico quedaban marcados con pintura y consignas que señalaban a agresores y denunciaban la violencia contra las mujeres.

En las voces de las manifestantes no hay un atisbo de duda. Su meta es clara: que las volteen a ver, que sus denuncias por la violencia de género retumben en los edificios gubernamentales, esos que cada año se blindan para proteger sus muros.

La noche comenzó a caer sobre las cientos de manifestantes que se concentraron frente al punto final de la marcha: el Palacio de Gobierno. Ahí fueron recordados algunos datos crudos que explican por qué cada 8 de marzo miles de mujeres salen a las calles. Tan solo en 2025 se registraron 721 víctimas de feminicidio en México, un promedio de dos casos al día. A nivel nacional, 34 mujeres fueron reportadas como desaparecidas diariamente, entre ellas niñas y adolescentes que representan más del 50 por ciento de los casos. A esto se suma otra forma de violencia: la económica, pues de cada diez mujeres que deberían recibir pensión alimenticia para sus hijas e hijos, apenas dos obtienen una pensión suficiente.

La marcha concluyó anticipadamente cuando el bloque negro logró derribar las vallas que protegían el Palacio de Gobierno. En ese momento, un grupo de mujeres policías estatales se encargó de contener los intentos por abrir las puertas del edificio y apagar algunas cartulinas que habían sido encendidas frente al inmueble.

El centro histórico de Morelia acumuló, como cada 8 de marzo, nuevas capas de memoria: en los gritos de las manifestantes, en las pintas que quedaron sobre sus muros y en los nombres que resonaron durante la marcha. Porque cuando las mujeres se retiran de las calles, la lucha no desaparece. Queda ahí, marcada en la ciudad, con la promesa de regresar el próximo año. La lucha de las mujeres no termina un 8 de marzo; permanece hasta que la igualdad sustantiva deje de ser una consigna y se convierta en realidad.

BCT

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