Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- El actual dirigente estatal del PRI, Guillermo Valencia Reyes, ofreció una perspectiva sobre el surgimiento de las autodefensas en Michoacán en febrero de 2013, un movimiento que, si bien logró desmantelar el poder del cártel de Los Caballeros Templarios, terminó dejando un saldo negativo y un desorden social que, en su opinión, es peor que la situación inicial. En aquel entonces, Valencia se encontraba en funciones como autoridad municipal en la región, específicamente en Tepalcatepec.
Valencia relató que se encontraba en Coalcomán, asistiendo al primer informe del diputado Osvaldo Esquivel Lucatero, cuando se enteró del levantamiento en La Ruana. El político indicó que ya tenía la impresión de que se avecinaba un conflicto criminal, aunque inicialmente creyó que se trataría de la formación de un nuevo cártel para enfrentar a los Templarios, desconociendo que el movimiento se gestaría desde una base social.
Tras ser notificado de los hechos, Valencia recibió una indicación de las autoridades estatales, incluyendo al entonces Secretario de Gobierno, Jesús Reyna, de no regresar a su municipio y dirigirse a Morelia. Sin embargo, tras meditarlo y considerando que el movimiento tenía una base social genuina, decidió volver, aunque manteniendo su postura institucional ante los alzados.
Al regresar, los grupos de autodefensa, que habían tomado como cuartel la asociación ganadera de Tepalcatepec, le pidieron reunirse e incorporarse al movimiento. Valencia Reyes declinó tajantemente la invitación, basando su negativa en su juramento como servidor público. "Yo les dije a los paisanos, ustedes como ciudadanos pueden hacer, tienen ciertas libertades que yo como autoridad no tengo, porque yo cuando asumí el cargo, protesté guardar y hacer guardar la constitución federal, la del Estado y las leyes que ya más emanan y por lo tanto por tener esa autoridad yo no puedo violar la ley porque caería en abuso de autoridad", explicó.
Durante los primeros meses, la relación entre la autoridad municipal y las autodefensas fue manejable. No obstante, el panorama cambió drásticamente cuando el movimiento comenzó a politizarse. La situación escaló con la llegada del comisionado Alfredo Castillo, quien, según Valencia, optó por negociar con grupos armados en lugar de fortalecer la estructura institucional municipal.
El dirigente del PRI señaló que la intervención gubernamental y la infiltración criminal fueron los catalizadores del deterioro del movimiento. La figura de los "perdonados"—miembros del crimen organizado que se afiliaban a las autodefensas—fue fundamental para minar la causa. Este proceso de contaminación, sumado a la división entre los liderazgos iniciales y la figura mediática del Dr. Mireles, llevó al quiebre interno.
Valencia Reyes fue enfático al señalar que, aunque el movimiento logró su objetivo inicial de quitarle el poder a Los Templarios, el costo fue excesivamente alto y el resultado final no fue el esperado.
"Estaba muy contaminado, el precio fue muy alto porque hoy hay un desorden en la zona. Creo que estamos peor de como estábamos en aquel entonces", sentenció, reflejando un profundo desencanto con el desenlace de la gesta ciudadana.
Finalmente, el entrevistado destacó que Hipólito Mora representaba la pureza del movimiento original, cuyo propósito era la defensa de su tierra, La Ruana. La posterior división de liderazgos y la cooptación por intereses criminales y gubernamentales impidieron que las autodefensas cristalizaran en una solución duradera para el restablecimiento del Estado de derecho en la región.
El relato de Valencia ofrece una visión desde la trinchera del poder municipal en ese momento crucial, subrayando cómo la intervención externa, tanto de intereses políticos como criminales, desvió el propósito inicial de una movilización ciudadana que nació de la necesidad y el hartazgo.