Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- El médico jubilado Gustavo Martínez convirtió su amor por Morelia en una tarea cotidiana: investigar, documentar y difundir la historia de la capital michoacana. A través de crónicas publicadas en redes sociales, el investigador advirtió sobre el deterioro de monumentos, el desconocimiento de la historia local y la falta de cultura para proteger el patrimonio histórico de la ciudad. “Lo que no se conoce no se cuida”, resumió durante una entrevista en la que también expuso casos de vandalismo, robo y abandono de esculturas y edificios históricos.
Martínez, quien ha compartido sus crónicas y relatos desde la página de Facebook “Nuestros Recuerdos de Morelia”, relató que llegó a Morelia a los 17 años para estudiar Medicina y desde entonces comenzó a interesarse por la historia de la ciudad. “Yo preguntaba quién vivió aquí, quién hizo este palacio, quién construyó esto”.
Explicó que durante años reunió libros antiguos y testimonios de familias morelianas para construir una biblioteca personal enfocada en la historia local. “Las librerías de viejo han sido el tesoro más grande”, comentó al referirse a los ejemplares agotados y difíciles de encontrar sobre la antigua Valladolid.
Entre los textos que considera fundamentales destacó “Las casas y las familias de Morelia”, del padre Gabriel Ibarrola, obra que describió como “un verdadero tesoro” debido a la investigación realizada sobre las viviendas y familias del Centro Histórico.
El cronista lamentó que actualmente exista poco acceso a este tipo de publicaciones y consideró necesario impulsar espacios especializados para preservar y difundir la memoria histórica de la ciudad.
Durante la conversación, Gustavo Martínez expresó preocupación por el desconocimiento que existe entre la población sobre la historia de Morelia. Recordó que, durante un curso de formación cultural, realizó encuestas en plazas y jardines para medir qué tanto sabían las personas sobre monumentos, personajes históricos y sitios emblemáticos.
“La calificación hubiera sido como un tres o cuatro”, afirmó. Las preguntas incluían temas básicos como el origen del nombre de plazas y portales o datos sobre la fundación de la ciudad.
El investigador también cuestionó el deterioro que enfrenta el patrimonio histórico de la ciudad. Señaló que el problema no solamente radica en la falta de recursos públicos, sino en las agresiones cotidianas que realizan los propios ciudadanos.
“El grafiti ha crecido de una manera impresionante”, dijo. Relató casos de placas históricas utilizadas para colgar mercancía, daños a piezas de cantera y acumulación de basura en espacios públicos. “¿Y quién tiró esa basura?”, cuestionó al hablar de las críticas hacia las autoridades municipales.
Uno de los temas que más le preocupa es el estado de las esculturas del Bosque Cuauhtémoc. Ahí se encuentra la llamada “Diosa de la Paz”, una pieza elaborada en Italia por el escultor Carlo Nicoli Manfredi y que llegó a Morelia en la década de 1930 tras haber pertenecido al gobierno de Jalisco.
Martínez explicó que la escultura fue instalada originalmente frente al Colegio de San Nicolás y posteriormente trasladada al bosque, donde actualmente presenta daños severos.
“Le rompieron su brazo, le tumbaron la nariz y ya la empezaron a grafitear”, denunció.
El investigador afirmó que en redes sociales se han difundido leyendas sobre supuestos “poderes malignos” de la escultura, situación que ha provocado nuevas agresiones.
Ante ello, propuso trasladar la pieza a un lugar seguro para restaurarla y evitar más daños. “No estamos pidiendo las perlas de la virgen”, expresó al insistir en la necesidad de proteger el patrimonio artístico de la ciudad.
Además de documentar monumentos y edificios históricos, Gustavo Martínez ha dedicado sus crónicas a recuperar historias y leyendas de Morelia.
Entre ellas mencionó el origen de la llamada “calle del Ratón”, en el Centro Histórico, cuyo nombre —explicó— proviene de un joven simpatizante insurgente fusilado durante la Guerra de Independencia y no por ser una calle donde se ubicaban numerosos despachos de abogados, como socarronamente llegaron a afirmar.
El cronista adelantó que trabaja en la publicación de un libro que reúna estas narraciones. “Tiene que ser muy ameno”, señaló al explicar que busca contar la historia de Morelia desde las personas y sus anécdotas, más allá de fechas y datos oficiales.
SHA