Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- A 40 años de la tragedia aérea más grave en la historia de México, el vuelo 940 de Mexicana de Aviación permanece en la memoria colectiva, especialmente en Michoacán, donde ocurrió el accidente que dejó 167 personas sin vida.
El 31 de marzo de 1986, un Boeing 727-264 con matrícula XA-MEM despegó del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México con destino a Los Ángeles, California, con escalas en Puerto Vallarta y Mazatlán. A bordo viajaban 159 pasajeros y 8 tripulantes.
A las 8:50 horas, la aeronave inició su ascenso rumbo a su altitud de crucero; sin embargo, minutos después se registró una fuerte explosión que derivó en múltiples fallas: pérdida de presión hidráulica, fallas eléctricas y despresurización de cabina. La tripulación, encabezada por el comandante Carlos Guadarrama Sixtos, declaró emergencia e intentó regresar a la capital del país.
Posteriormente, un incendio en vuelo agravó la situación, por lo que se intentó desviar la aeronave hacia el aeropuerto de Morelia. No obstante, los daños estructurales provocaron que el avión se desintegrara en el aire y cayera en la sierra conocida como “El Carbón”, en las inmediaciones de Maravatío, Michoacán. No hubo sobrevivientes.
Entre la tripulación también se encontraban los oficiales Phillip L. Piaget Rhorer y Ángel Carlos Peñasco Espinoza, así como sobrecargos como María Esther Guadaña Macías, María Emilia Bourlon Cuéllar, Ricardo Zúñiga Escobar y Rafael Mujica Alarcón, cuyos nombres quedaron registrados en esquelas y publicaciones de la época.
Medios nacionales como El Heraldo de México documentaron el hecho en sus portadas, calificándolo como el peor accidente aéreo del momento. Incluso, en los días posteriores circularon versiones sobre un posible atentado, luego de que organizaciones se adjudicaran el siniestro mediante llamadas telefónicas, aunque estas hipótesis fueron descartadas.
La investigación oficial, realizada por autoridades mexicanas y la Junta Nacional de Seguridad del Transporte de Estados Unidos (NTSB), determinó que el accidente fue causado por el sobrecalentamiento del sistema de frenos. Este calor se transmitió a un neumático del tren de aterrizaje, el cual había sido inflado con aire en lugar de nitrógeno, provocando su explosión, daños en sistemas hidráulicos y de combustible, y finalmente un incendio en pleno vuelo.
Aproximadamente cuatro minutos después del inicio del fuego, las altas temperaturas ocasionaron la separación del empenaje —donde se ubicaban los tres motores— dejando al avión sin control hasta su impacto final.
Equipos de rescate, autoridades y elementos del Ejército Mexicano acudieron a la zona del siniestro, de difícil acceso, para realizar labores de recuperación. La tragedia marcó un antes y un después en la aviación nacional, impulsando cambios en los protocolos de mantenimiento, particularmente en la revisión de frenos y el uso de nitrógeno en neumáticos.
A cuatro décadas de distancia, el vuelo 940 no solo es recordado como el accidente aéreo más letal en México, sino también como un hecho que dejó huella en Michoacán y en la historia de la aviación mundial.
BCT