Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- El gas LP es parte de la vida cotidiana en millones de hogares mexicanos: calienta el agua, permite cocinar y sostiene actividades esenciales. Sin embargo, cuando su manejo se deja al descuido, se convierte en un riesgo silencioso capaz de provocar incendios, explosiones, intoxicaciones graves e incluso la muerte.
De acuerdo con la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil (SGIRPC), una fuga de gas puede desencadenar flamazos, incendios estructurales, explosiones, quemaduras y severos daños a la salud. El peligro se agrava porque el gas, al ser más pesado que el aire, tiende a acumularse en zonas bajas como pisos, sótanos o estacionamientos, creando condiciones críticas sin que las personas lo adviertan de inmediato.
Aunque en su estado natural es incoloro e inodoro, al gas se le añade etil mercaptano, una sustancia con olor a “huevo podrido” que permite detectar fugas. Aun así, la inhalación prolongada puede causar dolor de cabeza, náuseas, vómito, dificultad para respirar, mareos, pérdida de la conciencia y, en casos extremos, la muerte. El contacto directo también puede generar quemaduras frías, daño ocular y lesiones severas en la piel.
Uno de los principales focos de riesgo son los tanques estacionarios, los cuales tienen un tiempo de vida aproximado de 10 años. La autoridad advierte que sus válvulas deben cambiarse cada cinco años y que el recipiente debe mantenerse pintado y libre de corrosión. Además, nunca debe llenarse a más del 80% de su capacidad, ya que la sobrepresión incrementa el riesgo de fuga o explosión.
En caso de detectar olor a gas, la recomendación es no encender ni apagar luces o aparatos eléctricos, ventilar de inmediato, cerrar válvulas, evacuar el lugar y llamar al 9-1-1 o a la Central de Fugas. Intentar reparar una instalación sin capacitación puede agravar la emergencia y poner en riesgo vidas.
RPO