Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- ¿Qué recuerdos guardas de tus abuelos?, ¿son vivencias propias o memorias que ellos te confiaron en esas charlas de sobremesa, o mientras te llevaban de la mano camino al parque o a la escuela?
Este verano, niñas y niños que participaron en el curso “La Magia de la Fotografía Análoga”, impartido por la Secretaría de Cultura de Morelia, rescataron las anécdotas de sus abuelitos y las transformaron en dibujos y relatos breves. Al proyecto lo denominamos: “Así me lo Contó mi Abuelo”.
En esas narraciones aparecen las memorias de una Morelia rural en plena transición hacia la urbanización: juegos en la calle, la calidez de la vida familiar y la armonía de una sociedad que se contaba con otras palabras.
Con apoyo de la Inteligencia Artificial (IA) recreamos estas entrañables historias para compartirlas contigo en el marco de la celebración del Día del Abuelo. ¡Disfrútalas! Y si reconoces a los pequeños narradores o a sus abuelitos, avísales que sus recuerdos ya forman parte de MiMorelia.com.
Mi abuelo me contó que cuanto tenía 11 años él iba a la escuela, pero como tenía que ir caminando se le hizo tarde y no lo dejaron pasar, entonces, como tenía miedo de regresar a su casa, le preguntó al policía que era su amigo, si podía dirigir el tránsito y el policía le dijo que sí, y cuando mi abuelito iba a dar el siga su mamá iba pasando para ir al mercado, y cuando se dio cuenta se lo llevó y lo regañó: “condenado muchacho”.
Cuento de Uziel Alvarado Reyes:
Esta es la historia de un pequeño llamado Esteban, el cual desde muy pequeño tuvo que trabajar largas jornadas, iniciando a las 4:00 am con su tarea de alimentar a los animales, para después trabajar en el campo. Al estar pequeño, su trabajo era más pesado. Un día, durante su camino comenzó a llover, y al no poder bajar del caballo se quedó en él, pero al temprano se quedó dormido unos instantes y cayó a un charco, esperó el sol para poder secarse.
De igual forma, mientras trabajaba, le tocó ser vaquero con su papá, teniendo que subir un cerro a las 5:00 am para ordeñar las vacas que tenían. Este cerro era muy alto, y era muy pesado subirlo diario.
Una madrugada, en su trayecto encontró una víbora. Al no poder pasar, creyendo que estaba muerta le lanzó una piedra con su resortera, al parecer seguía viva y se levantó para atacarlo. Él decidió alejarse, viendo dónde se ocultó, y, al ver a lo lejos un chivero le pidió ayudar para matar a la víbora, y con mucha valentía lo hicieron.
Con tan solo 10 años era muy valiente y trabajador. Estoy orgulloso de que ese pequeño sea mi abuelito.
Cuento de Nyssa Cruz Hernández:
Un día, cuando mi abuelita tenía 5 años, le pusieron un vestido verde claro con florecitas y la peinaron con dos trenzas y dos moños blancos. Ese día, su tía Carmen se la llevó a Morelia a que le tomaran una foto en el Estudio Fotográfico Olimpia, que estaba en el Centro Histórico.
Después de la foto, su tía le compró una paleta de limón y se sentó en una banca en la Plaza de Armas. Esta historia sucedió en 1955, en Morelia.
Cuento de Sofía Buenrostro Gómez:
Mi abuelita llegó a vivir a Morelia a los 15 años. Empezó a trabajar como secretaria en un periódico de sociales, le gustaba tratar amablemente a las personas, y un día hasta tuvo que entrevistar a una persona muy importante porque no hubo quién lo hiciera.
Cuento de Vannya Fernanda Magallón Campos:
Mi abuela Abis me contó que cuando era pequeña vivía en la colonia Vasco de Quiroga con sus doce hermanos, mamá y papá. Su casa era pequeña y con un patio muy grande, donde tenían puercos, gallinas, conejos y patos (quiquiriquí, cuac cuac). Las casas no tenían bardas en los jardines, sólo las dividían con alambres.
Por las tardes todos los niños y niñas salían a jugar a la calle, que no estaba pavimentada aún, mientras los papás se sentaban afuera de sus casas y se ponían a platicar. Era muy divertido, ya que jugaban a la matatena, stop, beli (un juego raro que no conozco), las traes, las escondidas y muchos juegos más.
Antes de que oscureciera mi abuela se metía a su casa para cenar. Mis bisabuelos hacían tortillas de harina, frijoles y un rico café.
Cuento de Arlette Nájera:
Mi abuelito Jesús cuando llegó a Morelia visitó la Plaza de San Francisco y había muchos puestos. Después, hubo una reubicación de comerciantes y descubrió que existía UNA FUENTE en medio.
Cuento de Paulina Govea Tirado:
Cuando era chica mi mamá nos ponía a limpiar la casa y a mí me gustaba mucho cantar mientras limpiaba y cuando terminaba me salía con mis hermanas a jugar a la calle al resorte, Doña Blanca, entre otros juegos, y en algunas ocasiones nos íbamos a nadar al ojo de agua, en donde pasábamos el resto de la tarde.
Cuando se estaba oscureciendo regresábamos a casa y le ayudábamos a mi mamá a hacer la cena en una cocinita de adobe con un fogón de leña y hacíamos tortillas de comal y atole. Cuando estaba todo listo, llamábamos a mi papá y a todos mis hermanos a cenar frijoles de olla de barro con queso, salsa de molcajete y algunos tomaban atole o café de olla.
Cuento de Tamara Merilu Santiago Ramírez:
Mi abuela me contó que cuando era pequeña su mamá la mandaba a comprar leche con el lechero que tenía un establo con muchas vacas y se llevaba una cubeta, también pasaba a la panadería y llevaba una canasta para el pan.
Antes ocupaban sus moldes y no se generaba tanto plástico ni contaminación.
Ahora, te preguntamos: ¿qué historias de tus abuelos te gustaría contar?
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