Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- El planeta vuelve a encender señales de alerta. Por segundo año consecutivo, el hielo marino del Ártico alcanzó uno de sus niveles más bajos desde que existen registros satelitales en 1979, de acuerdo con datos de la NASA y el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo (NSIDC).
El pasado 15 de marzo, la extensión del hielo llegó a 5.52 millones de millas cuadradas (14.29 millones de km²), una cifra que prácticamente empata con el mínimo histórico registrado en 2025. Aunque la diferencia es mínima, los científicos advierten que el dato confirma una tendencia preocupante que se ha mantenido durante décadas.
Más allá de la cantidad, uno de los hallazgos más relevantes es que el hielo se está volviendo más delgado, lo que lo hace más vulnerable al deshielo. Este fenómeno ha sido particularmente evidente en regiones como el mar de Barents, al noreste de Groenlandia, y el mar de Ojotsk, entre Japón y Rusia.
“Según lo que estamos viendo con el satélite ICESat-2 de la NASA, gran parte del hielo en el Ártico es más fino este año […]”, explicó el científico Nathan Kurtz. Esta condición implica que, aunque el hielo aún cubra grandes áreas, su resistencia es menor frente al aumento de temperaturas.
Los datos actuales no son un hecho aislado. La cobertura máxima registrada este invierno se encuentra aproximadamente 1.3 millones de kilómetros cuadrados por debajo del promedio histórico (1981-2010), lo que refuerza la evidencia de una disminución sostenida.
Este cambio está relacionado con un fenómeno clave: cada vez se forma menos hielo nuevo, lo que reduce la presencia de hielo multianual, considerado el más grueso y resistente. En otras palabras, el Ártico no solo pierde superficie, sino también “calidad” en su hielo.
Aunque los especialistas advierten que uno o dos años con cifras bajas no son concluyentes por sí solos, el panorama cambia al observar la tendencia completa.
"Uno o dos años bajos no significan necesariamente mucho por sí solos", señaló el científico Walt Meier. Sin embargo, al analizar los datos desde 1979, se confirma una disminución constante del hielo marino en el Ártico, lo que refuerza las alertas sobre el cambio climático.
En contraste, el hielo marino en la Antártida mostró una ligera recuperación este año. No obstante, los niveles siguen siendo inferiores al promedio histórico, lo que indica que, a nivel global, los polos continúan enfrentando cambios importantes.
Aunque parezca lejano, lo que ocurre en el Ártico tiene efectos directos en todo el planeta. El hielo marino ayuda a regular la temperatura global, influye en el nivel del mar y modifica los patrones climáticos, por lo que su reducción puede tener consecuencias a largo plazo.
👉 En pocas palabras: lo que pasa en el Polo Norte impacta también en el clima que vivimos día a día.
SHA