Columnas

Trump, deportaciones y salud

Uriel Piña Reyna

El 20 de marzo próximo anterior, en la revista médica Plos Mental Health, se publicó una opinión titulada “Las consecuencias para la salud del trauma inducido políticamente” de la autoría de Ralph I. Horwitz (Afiliado al Colegio Americano de Epidemiología, el Colegio Americano de Médicos, la Sociedad Estadounidense de Investigación Clínica y la Junta Nacional de Examinadores Médicos). Véase en: https://journals.plos.org/mentalhealth/article?id=10.1371/journal.pmen.0000579

La opinión, que por su propia naturaleza no puede tener el alcance de un artículo científico o de un estudio científico de caso; sin embargo, aporta datos importantes para la reflexión en torno al comportamiento del presidente del vecino país boreal al ordenar y tolerar actos de detención y deportación de inmigrantes eventualmente sin residencia legal, y sus consecuencias en la salud de las personas directamente detenidas y sus abusos, como también sobre las personas cercanas y el medio en general.

Horwitz, apelando a la literatura médica científica de carácter general que cita, explica que las medidas -activas u omisivas- ordenadas por el presidente Trump tienen un efecto sobre la salud de las personas detenidas, en la de sus familiares y en la comunidad.

Los efectos no se reducen a los esperables psicológicos como es un estado de estrés crónico, sino que esto trascendería al sistema inmunitario de las personas afectadas que se debilita e, incluso, alcanza a “…modificaciones epigenéticas, en particular los genes que rigen las vías de respuesta al estrés (que) pueden transmitirse a las generaciones posteriores, lo que significa que las consecuencias biológicas del trauma actual pueden expresarse en los hijos y nietos de…” las personas afectadas que podrían llegar a resentirlo, por caso, en una facilitación futura de infartos agudos al miocardio.

Además, esos efectos se extienden también a las personas cercanas y a la colectividad en su conjunto, para incentivar estados de estrés más extendidos, con las potenciales repercusiones indicadas.

Es de sentido común pensar, yendo a más de lo opinado por Horwitz, que esos efectos son igual o más acentuados en los contextos de la guerra contra Irán, en la invasión a Venezuela o los ataques fatales tácticos que Trump ha determinado en este su segundo ejercicio presidencial.

Horwitz, de manera importante menciona que, así como a veces de forma política o social se crean condiciones para el estrés y sus consecuencias biológicas, también puede propiciarse un clima en apoyo a las personas afectadas -organizaciones pro defensa a inmigrantes que auxilien en sus causas judiciales, asesoría sobre derechos, etc.- que no solo atenúen el estrés de las personas directamente afectadas, sino el de aquellas que laboran en pro, sin que esto llegue a entenderse como una condición necesaria para la mejoría, pero que sí apoya.

Trump, con sus decisiones, no solo está vulnerando el sistema jurídico de su país, el de los países afectados y el orden jurídico universal.

Trump, con sus acciones, también afecta la salud psicológica y biológica presente y de las futuras generaciones que, paradójicamente, aún ni siquiera han nacido.

Las preguntas que restan para Trump en dicho sentido son: ¿sabe que con sus acciones afecta la salud mental y biológica de las personas que son víctimas de sus decisiones y de las personas de futuro? ¿Le importa? ¿Qué significa?

Para el resto de nosotros, parece que solo queda obrar, desde el derecho, la paz y el orden, por un mejor estado de cosas, para el mejor vivir de las personas afectadas y el de todas las personas en general.

RYE

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