La imaginación permite suponer que en un espacio tiempo determinados en donde coexisten dos o más personas, una, algunas o todas tienen una representación de la realidad o acerca de la realidad problemática y que, de esa misma manera, tienen respuestas a los problemas que les atañen en su conjunto.
La persona o conjunto de personas que tienen un poder de hecho predominante sobre el resto, quizá no necesiten convencerlas de que su representación de la realidad, sus problemas y respuestas, son las correctas, porque tienen ese poder.
Sin embargo, en donde no existe ese poder de hecho, cada persona tiene que abogar razones para justificar su postura y resistir los cuestionamientos de las otras personas, para llegar finalmente a convencerlas.
El que una persona o conjunto de personas convenzan al resto de su visión, reposa en muchos factores: uno es que esa persona, aunque esté llena de dudas acerca de su propia percepción o la sabe falsa, se muestra segura, sin vacilaciones; otra es que efectivamente conoce los problemas y tiene claridad en torno a qué debe hacerse desde su punto de vista (esto no quiere decir que sea lo correcto, solo que tiene ese convencimiento propio); que el resto de las personas se sitúan en un estado determinado que permite ser influenciados (son alienables, no les interesa el problema, no son críticos, etc.); y que la persona dominante tiene un manejo emocional que le permite influir en las demás.
Naturalmente, a quien ejerce influencia sirve mucho el poder controlar los medios a través de los cuales expresa sus mensajes e ir cosechando personas adeptas.
Es de esta manera que se puede entender que Antonio López de Santa Anna de 1833 a 1855 haya sido presidente de la República en numerosas ocasiones y que públicamente expresara que tornaba a la presidencia una y otra vez en contra de su voluntad, por un deber patriótico e impulsado por el pueblo, o bien, que Porfirio Díaz cuestionara a Benito Juárez su ilegitimidad democrática por llevar demasiado tiempo siendo presidente; o que un reciente presidente partidario se quejara de que sus contrapartes no cumplieran con los acuerdos de intercambiarse posiciones en un gobierno estatal, contra todo proceso electoral y dictado de ley.
En cada caso, quien ejerce el “hechizo” es una especie de mago sobre, pese o con la participación del resto o de la mayoría de las personas.
Trump y Zelenski, en estos días han mostrado no solo tener lecturas distintas de la realidad, sino propuestas diferentes para resolver la guerra Ucraniano-Rusa: así, la imputación de Trump a Zelenski de ocasionar el caos y el riesgo de una tercera guerra planetaria por no firmar un acuerdo económico (Este permitiría a Estados Unidos de América beneficiarse de los minerales y tierras raras de Ucrania) como un paso previo a la resolución de la guerra. Tú no estás en posición, tú no tienes las cartas dijo insistentemente Trump a Zelenski, tú juegas con la vida de tu pueblo.
Zelenski, por el contrario, espetó a Trump que ya varios acuerdos de cese al fuego se habían firmado sin que Rusia obedeciera, y que necesitaba “garantías de cumplimiento” para llegar a la paz. Zelenski no firmó los acuerdos.
La postura de Zelenski fue respaldada prácticamente por toda Europa y Canadá ¿Por qué eso es lo que favorece al pueblo ucraniano?
Es posible que el pueblo de Ucrania este perplejo, que en su visión de las cosas existan de por medio emociones y sentimientos nacionales, conocimiento precario del problema de fondo y sus posibles soluciones reales, un querer ser hacia el futuro y así por el estilo.
Buena parte del mundo parece estar en medio de estas imágenes, de estas ilusiones ¿Cuál es la verdad?
Y, más aún, ¿Importa la verdad?
Una ética sustantiva, diría que sí, que la verdad es condición necesaria para conocer lo que las cosas son, sus problemas y sus soluciones; pero, una ética procedimental o de resultados, se vencería quizá y privilegiaría los consensos y las consecuencias de las visiones, de las decisiones. ¿Qué importa la verdad, si nos lleva a la ruina? Dirían.
Las personas que hacen política, entendida esta en un sentido amplio como aquella que se ocupa de los problemas colectivos, cualesquiera que sean las colectividades, ¿Deben privilegiar la magia, la ilusión porque son esas ilusiones las que convencen y crear resultados igualmente interpretables que, a veces, permiten vivir en “paz”? ¿Se debe participar de ello?
Esa frase lleva de nuevo al orange troglodita y su frase: No tienes las cartas, pero ¿Quién las tiene todas?
mrh