Columnas

Juego, deporte y economía

Uriel Piña Reyna

Dice el diccionario de la RAE que juego es…jugar por entretenimiento…que es un ejercicio recreativo o de competición sometido a reglas, y en el cual, se gana o se pierde.

Por deporte, el mismo diccionario dice que es una actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas.

Así se puede entender que juego y deporte son actividades humanas con fines lúdicos que implican una competencia con sujeción a reglas y con el acento físico en el caso del deporte.

Juego y deporte se han practicado desde el origen del ser humano y el primer instrumento de ello es el cuerpo humano.

En su origen y hasta nuestros días, el juego y el deporte tienen una pretensión de divertimento; pero, además, el deporte, un fin relacionado con la salud -física y mental- esto es, como un medio para tener una vida saludable.

Así que el juego y el deporte, en su propia naturaleza, no tienen otras pretensiones, sino las enunciadas, aunque después se amalgamen otros agregados.

El juego de pelota azteca o maya, por ejemplo, eran juego y deporte, tenían un fin de entretenimiento, pero sin lugar a duda, también fueron vinculados a la religión, a lo social y a la política.

Las olimpiadas, en el mundo antiguo de occidente, igual implicaban juego y deporte; pero de la misma manera en la que ocurría en el mundo azteca, tenían un componente social, religioso y político.

En las olimpiadas antiguas, por solo citar este caso, se competía en varias disciplinas, acudían miles de espectadores de distintas regiones, de todo estrato social, también iban “celebridades” políticas, académicas, artísticas, y eran tantas las personas que acudían que llegaron a establecerse unos pocos sitios de hospedaje. Como es de suponer, la “derrama económica” para la región era sensible.

En nuestros días, el juego y el deporte, mantienen sus fines lúdicos y su pretensión de salud, especialmente en cuanto hace al deporte aficionado.

Sin embargo, su carácter económico utilitario, y mucho más en el profesional, es cada vez más intenso, esto es, hay una inversión que se orienta a la producción de bienes y servicios deportivos que comprenden, en primer término, a la persona jugadora o deportista y a las competiciones: olimpiadas, mundiales, copas internacionales, con un largo etcétera.

Las personas que invierten lo hacen en capital fijo (como infraestructura física deportiva) y variable (entrenadores, psicólogos…etc) con la esperanza de obtener rendimientos de retorno a su inversión.

Una vez que el juego y el deporte se sitúan en ese contexto, es previsible que impactan otras industrias como la de turismo, medios deportivos, de comunicación, vestido, calzado, comida, apuestas y una lista casi interminable.

El juego y el deporte tienen un impacto cierto en el producto interno bruto, aunque no decisivo en la economía del mundo y de cada país; pero, se reitera, si tienen un peso específico.

A nivel de consumo, incluso, se puede decir que la canasta básica de las familias también se compone de bienes y servicios relacionados directa o indirectamente con el juego y el deporte y que el precio de estos atiende a la ley de la oferta y la demanda, esto es, mientras más demandado es un bien o servicio, este incrementa su precio.

Eso explica por qué, en el próximo mundial de futbol 2026, los precios por boleto para asistir a los partidos en los estadios se elevan estratosféricamente. Hay muchísimos más demandantes que oferentes de boletos.

Aquí, la pregunta es si el estado puede regular de alguna manera esa ley de oferta y demanda, y me parece que debería ser, sino en todo, si en parte, porque, así como existe una inversión de capital privado para generar bienes y servicios de juego y deportivos que les produzcan beneficios, se debe reconocer que el estado invierte en capital fijo y variable, general y específico, que luego es “aprovechada” por el sector privado en juegos y deportes de los que obtiene utilidad.

Una modulación justa sería coherente con el sentido prístino del juego y del deporte, pero además con su carácter social.

Un ejemplo de ese anclaje social se encuentra en los grafitis descubiertos recientemente en Pompeya (ciudad cubierta por una nube piroclástica hacia el año 80 de nuestra era) que muestran dibujos infantiles de los gladiadores más famosos y de su predilección, tal como ocurre hoy con un niño o niña que dibuja a Vinicius.

Y mientras ello ocurre, las guerras desatadas por las potencias del mundo, y los demás males, continúan.

SHA

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