Hay decisiones que revelan la auténtica escala de valores de un gobierno. El anuncio hecho el 7 de mayo de 2026 por el secretario de Educación Pública, Mario Delgado, quien, con frialdad de tablajero, informó que el ciclo escolar 2025-2026 concluirá el próximo 5 de junio, arrancando así días naturales al calendario que originalmente debía cerrarse el 15 de julio. La justificación: el calor y el Mundial de Futbol. La víctima: la educación de millones de niñas, niños y jóvenes mexicanos.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos llamó de inmediato a revisar la medida, exigiendo que se anteponga el interés superior de las niñas, niños y adolescentes. Estados como Jalisco. Guanajuato, Nuevo León y Veracruz rechazaron abiertamente la propuesta o, al menos, tomaron distancia.
Fue gracias al inmenso reclamo popular que surgió de inmediato que la presidenta Claudia Sheinbaum se vio obligada a salir a declarar, desde su conferencia mañanera, que el recorte 'todavía es una propuesta' y que 'no hay calendario definido'. La mandataria trasladó el costo político a Mario Delgado y los secretarios estatales de una medida que decían, sería definitiva.
Mario Delgado tuiteó el nuevo calendario, la SEP lo publicó en su portal oficial, y horas después llegó el frenazo presidencial. El resultado: un secretario desdibujado, una CONAEDU en el ridículo y un gobierno que apuesta por el retroceso. Hoy, 11 de mayo, se convoca a una nueva reunión para intentar poner orden en el caos que ellos mismos generaron.
Este episodio vergonzoso es apenas el síntoma más reciente de una enfermedad crónica: el atentado sistemático de la llamada Cuarta Transformación contra la educación nacional. Desde que llegó al poder en 2018, este movimiento político ha desmantelado, con ideología en vez de pedagogía, los andamios básicos de un sistema educativo que ya de por sí arrastraba décadas de rezago. Los libros de texto nunca habían estados tan llenos de ideología woke, la cual ha desplazado a la ciencia en sus páginas. Se esfuerzan ardua y perversamente en convertir al sistema educativo nacional en motor de la ignorancia, la miseria, la desinformación y el sometimiento.
En Michoacán, se arrastran históricamente tasas muy altas de analfabetismo, rezago educativo, abandono escolar y reprobación en educación secundaria. Para los niños de Tierra Caliente, de la Sierra-Costa y de la Cañada de los Once Pueblos, cada día de clase perdido es un día que el rezago gana terreno de manera definitiva.
Las becas que ofrece la 4T, presentadas como conquistas sociales, son en realidad instrumentos de fidelización política. El programa Beca Benito Juárez, la Beca Rita Cetina y sus sucesores han distribuido recursos con una lógica clientelar que privilegia la gratitud electoral sobre el aprendizaje real. Se compra el voto con la mochila vacía de conocimiento, mientras las escuelas de los becarios no tienen luz, agua, Internet y, muchas veces, ni siquiera maestros.
Y en el centro de todo este desastre, con el descaro de quien ya perdió el pudor, está Mario Delgado Carrillo. El hombre que hoy conduce la política educativa del país carga un expediente que haría palidecer a cualquier auditor de conciencias. Fue militante del PRD antes de saltar a Morena, cuando el barco guinda prometía más cargos que el barco amarillo. Fue secretario de Finanzas y luego secretario de Educación del entonces Distrito Federal durante la gestión de Marcelo Ebrard. Fue senador. Fue diputado federal y coordinador del grupo parlamentario de Morena, desde donde impulsó la eliminación de la reforma educativa anterior sin ofrecer una alternativa sólida. Fue presidente nacional de Morena de 2020 a 2024, período en el cual fue señalado de vínculos con el llamado 'Rey del Huachicol'. Y fue, simultáneamente, presidente del partido y coordinador de la campaña presidencial de Claudia Sheinbaum.
Con ese currículum de experto en cambiar de bando según el viento, Mario Delgado no tiene legitimidad técnica ni calidad moral para conducir la educación de 34 millones de estudiantes mexicanos.
El recorte del ciclo escolar es la metáfora perfecta de un proyecto de gobierno que recorta cuando debería invertir, que improvisa cuando debería planificar y que huye hacia adelante cuando debería rendir cuentas. Un gobierno que es capaz de acortar el año escolar de millones de niños para que los adultos vean futbol con más seguridad y comodidad, ha revelado que las generaciones del mañana son, para la 4T, apenas un accesorio del relato.
Desde el Partido Revolucionario Institucional en Michoacán y desde nuestra convicción como defensores de los derechos humanos, exigimos que el calendario escolar se respete en su integridad y que se evalúe con rigor y transparencia el impacto real de cada peso invertido en educación.
La patria se hace en las aulas, y esas aulas merecen un guardián que sepa lo que es la pedagogía y que haya llegado a su cargo por algo más que haber organizado bien los autobuses de la campaña.
¡México y Michoacán merecen una revolución institucional y social!
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*El autor es abogado, activista social, defensor de derechos humanos de víctimas, diputado local con licencia y dirigente del PRI en Michoacán
BCT