Mexicanos, ¡Feliz vuelo!
Por: Mateo Calvillo
| Morelia Miercoles 4 de Julio del 2012
Es el momento de decir, sin tono politiquero, ¡feliz vuelo! Mexicanos, lleguen a su destino. Hay que ubicar las elecciones en nuestra historia milenaria. Todo sigue igual, sólo hay relevo en los pocos miembros de la tripulación, el piloto y los demás servidores que la imaginación popular llama “gatos”.
Quienes tienen ese tesoro que es la fe revelada de Jesucristo saben que realmente hay un guía invisible que conduce la historia, que está mucho más alto. El realiza el plan del Papá eterno, del Señor de la historia que acompaña a su pueblo en los avatares del viaje.
El garantiza, de manera misteriosa, la llegada final a buen puerto. Ahí conoceremos la utopía, la patria definitiva, sin corrupción ni bajas ambiciones, el progreso y la vida plena, integral y que no declina.
Todo sigue igual, venimos en un vuelo de lejos, del fondo de los siglos, no empezamos ahora, sólo se trata de continuar, de mejorar, no se va ahora a inventar la historia de México. Sólo cambian el servicio, la tripulación y los edecanes. Hemos venido y vamos en vuelo, no partimos de cero.
La nave, los recursos, el estado del tiempo todo es lo mismo. El destino final para todos los pasajeros es el mismo. La nueva tripulación no va a inventar nada por moda o por hacerle al héroe o por hacer negocio egoísta. El vuelo es el mismo, es sólo una etapa más en nuestro navegar de siglos.
Un grupo de acompañantes del mismo color que el piloto lo subió a la cabina y terminó su tarea. Ya no tienen que meter su cuchara, que se ocupen de su grupo y dejen navegar. Deben esfumarse, confundirse entre los pasajeros o bajarse de la nave.
No deben dar lata aunque haya algunos muy viejos y mañosos. Deben esfumarse. Una preocupación es que tales sujetos no dejen al piloto conducir el vuelo. De ellos, de que maniobrar depende la travesía.
Los pasajeros deben vigilar el rumbo, no desviarse, velar porque en la tripulación no se hagan “patos”, que conserven la velocidad y la altura, buscar la velocidad crucero. Deben velar que se realice el plan del vuelo, no puede quedarse en el papel y el discurso.
En muchos mexicanos hay serenidad atenta. Los que alocan eufóricos son muchas veces los cambistas, los que esperan tener ventajas hasta mezquinas de la situación.
Hay graves preocupaciones: Si se va avanzar aprovechando la gestión del pasado, sin querer cambiar hacerse notar, sin sepultar la experiencia y las riquezas del pasado. El gobierno en una medida fundamental tiene que ser “más de lo mismo”. Si no se a torcer el rumbo, perdiendo de vista el destino final.
Si los discursos van a convertirse en realizaciones. Hay un paso abismal imposible, afirman los que filósofos, que piensas entre la idea y su implementación, el paso les parece casi imposible. Más problemático es el paso entre las promesas de campañas y su cumplimiento con hechos. Hay la experiencia de que pueden terminar en discurso de circo. Era sólo jarabe de pico para multitudes aniñadas para enajenarlas.
Hay que juntar el México de fantasía, perfecto que escuchamos en los discursos que otros les elaboraron a los candidatos y el México real de corrupción, atraso social y educativo, sin ley, miserable de la realidad en un entorno internacional de grandes crisis existenciales y sociales.
Las reformas estructurales, laboral, energética, fiscal, de seguridad social ¿Las va a sacar ahora el grupo que no las sacó en el próximo pasado por cálculos e intereses facciosos?
¿Se va a servir a la persona humana, fuente de valores y derechos, se va velar por el bien común de todos, principalmente de los pobres?
Se va aplicar la ley, se van a limpiar los gobiernos estatales y las policías de las complicidades con el narco contra el interés de todos.
Todo está por verse, ahora deben demostrar que cumplen el deber esencial, natural, ontológico, ético de llevar a buen destino. Para eso les pagamos. No se van a cumplir todas las promesas porque muchas se hicieron irracionalmente y son imposibles. Pero al menos, ¿se van a atender los problemas fundamentales de la nación aunque vayan contra los cuates y sean impopulares?
Todos los ciudadanos debemos velar porque se mantenga el rumbo hacia la meta definitiva, el país del progreso, la vida y la felicidad integral. Debemos velar por el bien común y comprometernos. Así creceremos como demócratas, salir del estado de multitud gregaria, que se puede comprar, que se contenta con “jarabe de pico” en su pasividad infantiloide.