Constitución sobre la Iglesia Gaudium et Spes
Por: + Alberto Suárez Inda, Arzobispo de Morelia
| Morelia Martes 17 de Abril del 2012
Retomo ahora el comentario a los Documentos del Concilio Vaticano II en preparación al Año de la Fe que el Papa Benedicto XVI ha convocado con motivo de los 50 años de la apertura de esa gran asamblea eclesial. Sigamos, pues, leyendo y meditando la Constitución sobre la Iglesia, llamada “Lumen gentium”.
En el número 6 se nos ofrece una serie de imágenes o comparaciones tomadas de la Biblia para ayudarnos a comprender la realidad misteriosa de la Iglesia. Recurriendo a la experiencia de los campesinos, se habla de la vida de los pastores de ovejas y del cultivo de la tierra. Desde un ambiente más urbano se nos remite a la construcción de un edificio y a la vida de familia. A partir de estas realidades sensibles podemos aproximarnos a la contemplación de una realidad espiritual.
Más allá de una definición conceptual con términos precisos propia de los teólogos, estos ejemplos sencillos de la vida ordinaria hacen accesible la comprensión de esta obra maravillosa de Dios, que es la Iglesia, a la gente del pueblo, a los humildes y los pobres. No debemos olvidar, por otra parte, que la naturaleza íntima de la Iglesia es tan rica, que nunca agotaremos su conocimiento por más esfuerzos que hagamos en esta vida con la razón o la imaginación.
Para la cultura moderna puede resultar lejano o extraño el tema del rebaño y del redil. No parece nada adecuado comparar a los feligreses con los borreguitos. Pero tampoco es éste el sentido del Evangelio. Más bien se resalta la imagen de Jesús preocupado por las ovejas y sacrificándose por ellas. La puerta del aprisco es el mismo Cristo, quien entra por otra parte es un ladrón. Otro aspecto es el deseo del Señor de mantener la unidad de la grey congregada y conducida por el único pastor supremo. Hay que considerar, pues, a los pastores de la Iglesia como servidores y representantes de Cristo, nunca como dueños o señores.
Los ejemplos de la vida agrícola son muchos y variados. El olivo, los viñedos y la higuera, plantas propias del clima mediterráneo, son frecuentemente citadas en el Antiguo y el Nuevo Testamento. Jesús se refiere también a la siembra y a la cosecha del trigo. La Iglesia es el campo de Dios y cualquiera que plante o riegue, deberá tener conciencia de que siempre es Dios el que da el crecimiento.
Al llamar a la Iglesia edificio de Dios se pueden sacar muchas aplicaciones. Hay que construir sobre un buen cimiento; Jesús es la piedra fundamental quien le comunica al Apóstol Pedro la firmeza de la roca. Se trata de edificar la casa del Dios vivo donde pueda reunirse la familia. Cada cristiano es como la morada o habitación sagrada del mismo Dios; la comunidad integrada por los fieles es un edificio espiritual hecho de piedras vivas.
Del tema de la casa fácilmente se pasa a la referencia de la esposa y la madre que dan vida y calor al hogar. Pero me reservo este último punto para tratarlo la próxima semana cuando también hablaré del Cuerpo de Cristo, imagen tan querida para San Pablo.